Tranquilidad, por favor
La desescalada, al principio ordenada, gustara más o menos, ha entrado en una vorágine de difícil comprensión para el respetable, incapaz de conocer con detalle qué puede y que no puede hacer
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Madrid
Sería conveniente que el Gobierno, a estas alturas de la partida, superados obstáculos que parecían infranqueables, cuando todos vemos el final del túnel, excusas por tan gastada expresión, no pierda los nervios y las cosas, o al menos el aspecto de las cosas, no parezcan descontroladas y se conviertan en un maremágnum de órdenes imprecisas, además de una colección de números sin sentido, y ahí tienen el recuento de fallecidos como ejemplo.
La desescalada, al principio ordenada, gustara más o menos, ha entrado en una vorágine de difícil comprensión para el respetable, incapaz de conocer con detalle qué puede y que no puede hacer. Da la impresión de que nos hemos precipitado por un tobogán que ha ganado vida propia sin que nadie sea capaz de ordenarlo y numerarlo.
Hay incapacidad o sabotaje de la oposición, con mención especial a Madrid y Barcelona y demasiadas presiones económicas. Pero cuidado en el último tramo, respiren los responsables tres veces, vuelvan a la seriedad y piensen, mucho, en un posible rebote. Lo necesitamos todos. Nuestra vida está en juego.