Juicio y prejuicios
Los políticos catalanes llegaron al banquillo culpables, según unos, o inocentes, según otros, y así llegarán al día final, que es difícil vencer a los prejuicios
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Madrid
Una semana llevamos de sesiones en el Supremo y ya se nos hace un mundo seguir el día a día de los enfrentamientos entre fiscalía y acusados. Les cuesta mucho a los representantes del Estado justificar los delitos, sobre todo porque en el banquillo están sentados, con perdón, unos perros viejos hartos ya de quitarse las pulgas en comparecencias públicas. El fiscal le suelta lo de las cuentas a Jordi Turull y el ex consejero de presidencia de la Generalitat se larga un discurso político de toma pan y moja, que manzanas traigo. Así nos esperan unas cuantas semanas, que solo romperán su monotonía cuando aparezcan esos testigos tan lucidos como el mismísimo Mariano Rajoy, que comparecerá el martes de la próxima semana, un día antes que Soraya Sáenz de Santamaría o los ministros Montoro y Zoido.
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Pendientes del folklore, las sesiones se hacen difíciles, conscientes todos, jueces, fiscales y acusados de que sus argumentos no van a servir de mucho. Los políticos catalanes llegaron al banquillo culpables, según unos, o inocentes, según otros, y así llegarán al día final, que es difícil vencer a los prejuicios. Pero cuidado, porque es posible que los jueces allí presentes no piensen igual, y el desarrollo de las sesiones sí les haga cambiar el rumbo previsto. Recuerden ustedes que solo de ellos dependerá el veredicto. Y sí, la presencia de Vox, una vergüenza.