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El arte de hacer un violín: ¿Igual que un 'Stradivarius'?

Del terror de 'Psicosis' a Cremona, la ciudad italiana donde trabajan más lutieres: un recorrido histórico del violín en el cine

Violines, violas y demonios

Violines, violas y demonios

20:06

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La mano del violinista más famoso, Niccolò Paganini, se conserva en una vitrina en la sala de un museo. Por suerte, lo que hay detrás del cristal no es la mano original sino su calco en yeso. Y aun así se forman colas larguísimas para verla en la Villa Masséna Musée (en Niza, Francia). Una expectación más que justificada para comprobar si la mano derecha de uno de los músicos más virtuosos de la historia tenía algo fuera de lo común.

La literatura y la pintura también se han hecho eco del interés por las manos del músico. Y el cine hizo lo propio con Paganini y fue mucho más allá con el instrumento que lo hizo grande, el violín. Su protagonismo en películas ha trascendido escenas que hoy son icónicas. El violín ha marcado la secuencia más estudiada del cine, la ducha de Psicosis, o es capaz de dulcificar al monstruo de El Jovencito Frankenstein, y permitir a Jack Nicholson cumplir con el deseo de interpretar al mismo diablo en Las brujas de Eastwick, solo con un violín en las manos.

Hay una docena de violines valorados entre los diez y los veinte millones de euros. Todos coinciden en dos aspectos: son viejos e italianos. El municipio de Cremona, a casi 80 km de Milán, es la cuna de la fabricación de este instrumento. Allí todavía se aplican las técnicas de los lutieres más reconocidos, desde Stradivari a Amati, y se utilizan los materiales clásicos para su construcción (en su mayoría madera de las Dolomitas que se transporta a través del río Po). El luthier Lucas Fabro, nos recibe en su taller y explica que "su sonido depende de multitud de factores". No vale con que todo esté al milímetro, un error así cuenta que es fatal: "Hay que estar atento a las décimas de milímetro".

"Solo con mirar las efes del violín (los dos agujeros que hay en la tapa) se puede saber la autoría del luthier que lo ha hecho, e incluso saber si es de alguno de los lutieres históricos", revela Fabro. Con ese truco, quizás nos cuesta menos reconocer un "stradivarius". Aunque a simple vista pasa como con las imitaciones de bolsos o zapatos, los únicos que las cazan son los más aventajados. Además, según el lutier los violines que se elaboran hoy en Cremona "tienen una calidad excepcional". En El violín de Lev: una aventura italiana, Helen Attlee recoge muchas de las curiosidades que rodean a este instrumento y a Cremona.

El violinista del diablo es el título de la película biográfica sobre Paganini más reciente. A ningún otro violinista le han homenajeado con dos películas tan populares, tal vez porque ninguno llamaba la atención más allá de la música. Así lo describía un contemporáneo del artista: "Mal vestido a propósito, grosero e irreverente, prematuramente envejecido, alto, delgado casi hasta la caquexia, algo jorobado, de pecho plano y cuello largo como un ganso, feo, de cabello lacio, negro azabache y ralo, de piel pálida, cadavérico (fue descrito como un tipo de vampiro), sin dientes (los abscesos maxilares habían acabado con ellos), de voz cavernosa y afónico, de ojos protuberantes y con un brillo salvaje que se acentuaba al tocar, de pies desproporcionadamente grandes y... unas manos que no parecían humanas". Qué alivio saber que, por lo menos, le escuchaban.

 
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