El PP da la instrucción de atacar a Cs
Rajoy se ha sumado, al final, a la ofensiva llamando "oportunistas" a sus socios de investidura
Ha habido debate interno sobre si era conveniente o no declarar la guerra total a la formación de Rivera
Los conservadores no quieren que les robe votos de cara a las elecciones de 2019
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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en la clausura de un acto del PP de Sevilla. / José Manuel Vidal (EFE)
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Madrid
Primero, Inés Arrimadas ganó en Cataluña. Después las encuestas hablaron del sorpasso de Ciudadanos al PP. Y, por último, a los populares les duele mucho que el partido de Albert Rivera no quiera cederles un diputado para formar grupo propio en el Parlament. Aún quedan unos días por delante para que esa situación se cierre definitivamente y, por eso mismo, están presionando todo lo que pueden.
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Desde Génova se ha dado la instrucción de atacar a la formación naranja. Así, desde hace varios días, los cargos conservadores, todos a una, destacan su "deslealtad". El coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo, les ha llamado "egoístas" y les ha acusado de perjudicar al constitucionalismo por "su arrogancia y falta de generosidad". El portavoz del Grupo Popular, Rafael Hernando, ha hablado de "mezquindad". Están haciendo una seguimiento exhaustivo tanto de sus intervenciones como de sus comentarios en las redes. Quieren denunciar sus contradicciones.
En un principio, la estrategia era que las criticas llegaran desde todos los flancos pero sin sumar la voz de Mariano Rajoy. Pensaban que él, desde su posición institucional, no debía enfangarse en este tema. Sin embargo, al final, también se ha sumado a la ofensiva. El sábado pasado, en su mitin de Sevilla, se vio como el presidente del Gobierno, quien hasta ahora quitaba hierro a los sondeos y decía que Rivera era simplemente "un competidor más", entraba en campaña.
Rajoy puso a Ciudadanos en la diana al pedir a los suyos que planten cara a "los oportunistas". No les nombró expresamente pero todo el mundo sabía que se refería a ellos. Para el jefe del Ejecutivo "hay que dar la batalla barrio a barrio, casa a casa y a todas las horas de día todos los días de la semana". Muy molesto, les reprochó además que no pemitan que la voz del PP se pueda oír en el Parlament.
La maquinaria electoral se ha activado. En las filas conservadoras saben que comparten espacio ideológico y siempre han temido que les roben sus votos. Una sensación de amenaza que ahora, tras las catalanas, se ha acrecentado.
La relación entre ambos partidos nunca ha sido buena. Fueron socios de investidura en 2016 pero, desde entonces, siempre han actuado como rivales. Enfrentándose continuamente sobre todo por los temas de corrupción.
En el PP ha habido un intenso debate interno para decidir si debían o no enfrentarse a Ciudadanos. Para algunos dirigentes conservadores es "un error" hacerlo porque se les engrandece aún más. Pero, al final, en la dirección nacional se han decantado en ir a por ellos "con argumentos". Ahora va a ser la guerra total.
En la sede nacional conservadora no quiere perder más terreno. Calculan que hay tiempo para recuperar posiciones de aquí a las municipales, autonómicas y europeas de 2019. Y no les hace ninguna gracia que José María Aznar no haga otra cosa que ensalzar la figura de Rivera en detrimento de la de Rajoy. Creen que si tanto le gusta "a lo mejor debería dejar de ser militante del PP".