"Tangentópolis" en España
¿España sigue la misma deriva que Italia en los años 90? Un análisis de los casos de corrupción desde principios de siglo apuntan a todos los estamentos, a todas las administraciones, a todos los actores sociales y políticos.
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SERGIO PEREZ (Reuters)
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Madrid
En los años 90 Italia vivió un proceso conocido como Tangentópolis en el que los jueces destaparon que la corrupción había penetrado en todos los rincones de la vida pública. El movimiento que acabó con aquello que se llamó Manos Limpias y terminó con 1.200 condenas judiciales y y un reguero de suicidios. Pero politicamente lejos de dar paso a un modelo más transparente y limpio, todo acabó con Silvio Berlusconi en el poder. Y hoy es lícito preguntarse, donde nos encontramos en España, porque la simple enumeración de los casos deja casi sin aliento.
Si elegimos un rostro para ilustrar cada uno de los escándalos de corrupción que han ido apareciendo en España desde principios de siglo...
Iñaki Urdangarín, por el caso Noos; Gerardo Díaz Ferrán, por el caso Marsans; Jordi Pujol y José Ángel Fernández Villa, con cuentas millonarias en el extranjero; Julian Muñoz, por el caso Malaya; Francisco Camps, por la Gürtel; Angel Currás, por la Pokemon...
Nos aparece un panorama en el que todos los estratos del Estado desde las alcaldías hasta la Casa Real se ven afectados. Representantes de la patronal, de los sindicatos, de los partidos, de las diputaciones, de las comunidades autónomas... Hasta una tonadillera ha sido condenada por uno de los casos de corrupción que ejemplifica el uso y el abuso de las administraciones públicas en beneficio: el "caso Malaya" que ha concluido con 96 personas en el banquillo de los acusados es la mayor trama de corrupción en un ayuntamiento, el de Marbella, que se ha dado en España. Unas tramas que como pusieron de manifiesto otras operaciones como la Pokemon en Galicia o la operación Púnica de ayer no se limitan a un sólo ayuntamiento y a un solo partido. Tampoco la corrupción se limita administración. Los casos de los cursos de formación y el de los ERE en Andalucía dan cuenta de que la corrupción llega allí donde fluye el dinero público.
Un dinero que , como sucedía en los años 80 y 90, sirve para engordar las arcas de las formaciones políticas como señalan los papeles de Barcenas respecto al Partido Popular, pero también para engordar los patrimonios privados mediante comisiones como sugieren los casos Gürtel en Valencia y Madrid o el Playa Arena en Baleares.
En definitiva, todo ello abona la teoría de las "clases extractivas" expuesta hace dos años por César Molinas en su libro "¿Qué hacer con España?".