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Penélope Cruz: "¿Que si soy intensa? Yo, cada día"

La actriz compite por partida doble en el Festival de Venecia, primero con Almodóvar y sus 'Madres paralelas', en un papel de madurez, y luego con la comedia 'Competencia oficial'

Penélope Cruz en la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia 2021 / Marc Piasecki (Getty Images)

Venecia

El cine es maravilloso, pero su industria a veces es una pesadilla. Hay años de mucho trabajo, de muchos éxitos y reconocimientos. Hasta de premios. Hay otras temporadas en las que no suena tanto el teléfono o cuando suena no son propuestas emocionantes o grandes papeles. Mantenerse es el gran éxito. Lidiar con directores, con esos altibajos es lo más complicado, casi más que interpretar un papel. Una de las que ha logrado cierta plenitud es Penélope Cruz, estrella internacional, a la que los festivales de cine y las alfombras rojas se la rifan.

Este año coinciden varios papeles en los que la de Alcobendas brilla con su trabajo. Son buenas películas, con proyección internacional, rodadas en español, y que la han traído hasta el Festival de Venecia. Aquí compite por la Copa Volpi a la mejor actriz por ambos papeles. Por el de Madres paralelas, la película de su amigo, maestro y referente Pedro Almodóvar, y con Competencia oficial, una coproducción argentina en la que se suela el pelo junto a Antonio Banderas.

En esta comedia, Penélope Cruz sorprende con su personaje más excéntrico y divertido, es una directora de cine con métodos poco ortodoxos, en la nueva película de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat que reflexiona sobre los egos y la idiotez en el mundo del arte. "Con este personaje me he dado permiso para pasar unos meses en la cabeza de un ser que no tiene ningún tipo de filtro, que le da igual lo que piensen los demás de ella. Un personaje así solo se puede hacer defendiendo cien por cien su realidad porque ella no contempla la realidad de los demás, la única que vale es su verdad y eso es lo que hace a alguien tan tarado". “Es un persona muy difícil, muy compleja, no la he juzgado en ningún momento al interpretarla, pero si me la encontrara por aquí saldría corriendo”, bromea Penélope Cruz sobre el humor y métodos de su personaje. 

¿Tiene algo de intensa Penélope Cruz que la acerque a este personaje? "¿Qué si soy intensa? Yo, cada día".

Hay un momento maravilloso en el filme, en el que ella destroza en una trituradora los premios de los actores a los que está dirigiendo. Una Palma de Oro es devorada por la máquina, un Goya y hasta un premio de una asociación de niños con problemas. Un reflejo de lo que los premios pueden significar en la carrera de un actor. “Los premios son como una caja de recuerdos, hay muchas cosas asociadas, mucho trabajo y compañeros. Mi padre me puso la plaquita del Óscar al revés porque no tenía las gafas, y te juro por Dios que en mi vida lo cambiaré. Es tan bonito, me cuesta mirarlo y no echarme a llorar. Él no tenía las gafas, lo puso al revés y se quedó tan a gusto”. 

La actriz tiene un Oscar por Vicky Cristina Barcelona, la película de Woody Allen, actor con el que ha trabajado en dos ocasiones. Suele hacer eso en su carrera, repetir con aquellos directores con los que avanza y acepta retos interpretativos. Fernando Trueba, con quien estuvo en Belle époque, La niña de tus ojos o La reina de España, o con Sergio Castellitto, en No te muevas o Volver a nacer. Pero sobre todo, repite y repita con Pedro Almodóvar. Es su séptima colaboración con el director manchego. Un amigo, al que le dio el Oscar por Todo sobre mi madre, y con el que trabaja siempre que hay un papel acorde.

Su relación empezó hace casi 30 años, en un autobús, con un parto. Fue en Carne trémula y compartía escena con la que luego fue parte de su familia. Mi historia con él comienza pariendo en un autobús, fíjate… y con Pilar Bardem. Parecía un ensayo de la vida. El cine tiene algo mágico, premonitorio”, contaba la actriz. 

Lo cierto es que Almodóvar y Penélope se entienden, completan las frases el uno del otro, se ríen, se dejan llevar y se respetan profundamente. El director le ha entregado en Madres Paralelas su papel más complicado. Y ella lo ha bordado. Es una mujer, una madre soltera que tiene un dilema moral tremendo y que aprende a que la verdad es lo único que la hará salir adelante.

Penélope se emociona cuando tiene que hablar de Pedro. "Lo voy a decir muy rápido para no llorar, porque es que siempre estoy llorando", empezaba la actriz. "No solo mi carrera, sino mi vida sería tan diferente si él no hubiera estad en ella. Es como alguien de mi familia, pero cuando trabajamos esa relación es diferente. Si nos ves no podrías decir si nos conocemos de una semana o de hace 30 años. Hay mucho respeto, pero la confianza está ahí. Yo puedo hacer lo que él me pida porque sé que él está ahí, es mi red de salvación. Me puedo tirar a la piscina porque lo ve todo”. Y eso hace, se tira a la piscina.

“Es que es alguien que entra en tu vida y te da tanto como amigo, como maestro de tantas cosas, como inspiración… mi referente político desde que era una niña era él. No era ningún político. ¡Pedro for president! Yo decía: mira, las cosas pueden ser de otra manera. Yo decía, por ahí es por donde hay que ir, y no me refiero a la movida, sino a su mensaje. Me movía muchas cosas por dentro, decía: esa persona tiene que estar en mi vida. Llegar a este momento ha sido todo construido de su mano. También de otros directores que me han dado oportunidades, pero lo que tengo con él… no puedo hablar de lo que he hecho yo. Yo solo he intentado estar a la altura, darte mi 100 %. Me siento muy afortunada”.

Lo de las lágrimas trae cola. Penélope es visceral. La vimos llorar recogiendo el Oscar, contando sus orígenes humildes en una peluquería de Alcobendas. La hemos visto emocionada en Cannes, ante el aplauso del Gran Teatro Lumière, mientras Almodóvar presentaba Dolor y Gloria. Y ha llorado y mucho en este rodaje, el de Madres paralelas, la primera película en la que el director habla de memoria histórica.

Almodóvar pedía a las actrices, a Penélope y a Milena Smit que no lloraran. Que era una escena emotiva pero contenida. Se habla de vergüenza y la vergüenza es contenida. La actriz recuerda un día en el que repitieron una toma durante toda una tarde. "Nos hizo repetir la escena toda la tarde y no avanzábamos y no parábamos de llorar, estábamos destrozadas. La hicimos una última vez y la dio por buena, pero yo sabía que no se iba a quedar así. al día siguiente volvemos al set y pregunto, ¿a qué vamos a empezar con la escena que estábamos ayer? Y así fue. ¡Y tenía razón! es que ahora veo la película y digo ‘que razón tenía una vez más’, si no hubiera sido eso un mar de mocos".

Las actrices y los actores tienen que lidiar con las exigencias de la industria, del mercado, con los directores déspotas y con los no tan déspotas, con los compañeros, los premios, la conciliación... y lo más complejo de gestionar, el ego. Lo más difícil porque forma parte de uno mismo. Es el actor el que debe darse cuenta y querer controlarlo. “Para mí el ego es como un animalillo salvaje que se puede llegar a adiestrar y que muchas veces va a favor. Empuja para superarte, para seguir creciendo, pero desde un lugar sano. Pero si no lo acabas adiestrando, todo te acaba afectando tanto, en profesiones de cara al público, tanto lo positivo como lo negativo. Eso puede hacer que estés mirando todo el rato para dentro, y eso no lo puedes hacer, tu atención como actor siempre tiene que estar en el otro. Desde ahí es donde se pueden conseguir cosas interesantes en una interpretación”, añade la actriz, quien confiesa que cuando empezó su carrera, tan joven, le afectaban mucho tanto los halagos desmedidos como las críticas negativas.

De momento, Venecia puede subirle ese ego o romper ese equilibro que ha logrado la actriz, sus dos papeles están recibiendo muy buenas críticas y el sábado que viene podría caer premio. La temporada 2021 no acaba aquí. Tiene pendiente una película de acción con Jessica Chastain, 355 y todavía tiene que rodar L'immensità, una película italiana, y en otoño comenzará el rodaje de En los márgenes, la primera película como director de Juan Diego Botto, con el que trabajó hace décadas en La Ceslestina.

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