Sentir que no puedes sentir
¿Que es el frio? Es la pregunta a la que Cristian es incapaz de responder. Él nunca ha entendido la necesidad de los abrigos. Hablamos con personas que padecen insensibilidad ante determinadas temperaturas y al dolor

Insensibilidad al frio / Cadenaser.com

Madrid
A Cristian le agobia la ropa de abrigo y le gusta comer helados en invierno. Las mantas sobre su cama no sirven para abrigarse; son solo para aparentar la imagen de una cama como cualquier otra. Cristian normalmente no nota el viento - lo percibe por el movimiento de su pelo largo- o la lluvia, pero le duele el calor. Tiene 22 años, estudia un master en la Universidad Complutense de Madrid y su apariencia serían tan normal como la de cualquier otro chico de su edad si no fuera porque camina por la Gran Vía madrileña a las diez de la noche un 9 de diciembre en camiseta de manga corta.
No tiene ninguna manía. Se trata de una especie de trastorno por la que, confiesa, nunca ha ido al médico. Cristian es insensible al frio, sus termoreceptores no funcionan correctamente. Dice que le resulta muy complejo explicarlo porque es algo que sufre desde que tiene uso de memoria y porque nunca le han dado una explicación científica. Nunca le ha preocupado especialmente, lo ha asumido como algo relativamente normal, ni siquiera cuando hace unos años sufrió un desmayo en la ducha por un contraste fuerte en la temperatura del agua. Ahora siempre se ducha con agua fria, que para él es "agua normal".
Asegura que nota cambios cuando pasa de la temperatura ambiente a un local especialmente caldeado, se agobia y "hasta le duele". Cristian no se ha refriado nunca por el frio, lo que no quiere decir que, aunque no lo perciba, su cuerpo no se pueda ver afectado. Nunca ha tenido la necesidad de abrigarse y dice que siempre se ha hecho una pregunta cuando respondía a la que le suelen hacer a él por la calle: "No, no tengo frio, pero... ¿Que es realmente el frio?" No existen cifras oficiales pero el porcentaje de personas con este tipo de dolencias es ínfimo.
La neuróloga del Hospital madrileño de La Paz, Blanca Fuentes nos cuenta que todos nacemos con receptores, no carecemos de termoreceptores, pero es posible que no funcionen bien. El hecho de no sentir frio o calor, o no sentir dolor no es, en si mismo, una patología sino la consecuencia de algún problema que puede tener diversas causas. "Puede que se trate de la mielina- la cubierta de los nervios que transmite de manera rápida los impulsos sensitivos; puede que se produzca alguna alteración en algún receptor corporal o puede ser que haya algún problema en el hipotálamo, núcleo del sistema nervioso central". Los casos en los que hay ausencia total del dolor o de la sensibilidad de temperatura -caso de Cristian- asegura Fuentes, son excepcionales.
Una persona puede dejar de sentir determinadas temperaturas o ser insensible a dolores leves en una zona concreta del cuerpo porque se produzcan diversos daños, por ejemplo a causa de la quimioterapia, pero también es cierto que se dan casos en las personas nacen con los receptores dañados. "Dependiendo de cual sea la causa de la insensibilidad, del grado de la misma, y de la persona, las consecuencias pueden ser, o no, reversibles" apunta la neuróloga.
Hay quien no tiene sensibilidad al frio, quien no la tiene al calor o quien no tiene sensibilidad al dolor. Es el caso de Jazmín Anzolini, una chica argentina que nos explica que le diagnosticaron este trastorno a los cuatro o cinco años. Su familia advirtió que no reaccionaba al dolor, que no tenía noción del peligro. Ella misma asegura que "como no se quemaba acercaba la mano al fuego una y otra vez y tuvo que ser ingresada por quemaduras". Acudió a distintas terapias hasta que los médicos le confirmaron que "carecía de la capa de mielina que manda la señal al cerebro para que este libere a su vez las endorfinas que se producen ante la agresión" Se trata de un problema genético - en aquellos casos, mínimos, en los que se produce una insensibilidad total y de nacimiento- afecta al gen "SCN9A" y, más allá de la explicación científica, lo padecen aproximadamente a una de cada cien millones de personas en el mundo.
"Algunas personas creen que no poder sentir dolor es positivo, pero el dolor es algo necesario. Tengo muchas secuelas como consecuencia de mi incapacidad para sentirlo. Ojalá pudiera sentir dolor" dice tajante Jazmín, que continua enfrentándose a diversas intervenciones quirurgicas.