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Economía y negocios

La década peligrosa del campo español: la sequía y las temperaturas ponen en riesgo las cosechas durante mucho tiempo

Sectores como el vinícola afrontan una década complicada debido entre otros factores a la falta de lluvias, que está poniendo en peligro su producción

Sequía en las viñas: ¿peligra la cosecha de cava?

Sequía en las viñas: ¿peligra la cosecha de cava?

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La sequía está haciendo peligrar la cosecha de cava de 2024, y plantea dudas sobre el futuro del sector vinícola en España, uno de los países de Europa más afectados por la falta de lluvias. En Catalunya atraviesan su tercer año de sequía, la más severa en más de 110 años de registros en la región. Las lluvias de abril aliviaron parcialmente la situación de algunos pantanos, e incluso permitieron flexibilizar las restricciones que afectaban a numerosos usuarios en el área metropolitana de Barcelona y en la región de Girona, pero el campo catalán continúa en una situación crítica. Las viñas del Penedès se han secado, y los productores de cava afrontan con preocupación los meses cruciales de su producción.

Josep Marrugat, responsable de la viña y el vino del sindicato Unió de Pagesos, explica las dificultades a las que se enfrentan los agricultores de la zona: "Las temperaturas tan elevadas, y un terreno tan seco nos han producido bastantes bajas incluso en las viñas recién plantadas". Según el sindicato, la sequía acabará con un 15%-20% de los viñedos, y pronostican una cosecha escasa. Si la producción media por hectárea antes era de unos 8.000 kilos, ahora será de la mitad, de unos 4.000 kilos.

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El sector del cava espera ayudas económicas por parte de la Generalitat, aunque también tratan de compensar esa merma con otras estrategias excepcionales como que cada bodega pueda crear un fondo de provisión de vino base para usar en caso de emergencia. También, de cara a la cosecha de este 2024, si hay algún viñedo que tenga un alto rendimiento, el tope de producción se ampliará de los 12.000 kilos por hectárea hasta los 15.000, para compensar la falta en el resto de viñedos.

La falta de agua no es única en Catalunya. En Alicante, los datos de ASAJA indican que la falta de lluvias ha echado a perder más del 90% de la cosecha de cereales del año. En Andalucía, se han abandonado el 90% de los cultivos de arroz en los últimos dos años, y los productores de almendra han visto cómo sus árboles producen menos frutos y de menor calibre. Los periodos de malas cosechas serán cada vez más frecuentes, como anticipan los expertos.

Elisabet Nadeu, analista de políticas e investigadora en el Instituto Europeo de Política Medioambiental, ha encabezado un estudio dedicado a aumentar la resistencia al cambio climático mediante prácticas sostenibles. "Está habiendo pérdidas en muchos cultivos, por ejemplo en el maíz o en las naranjas, donde se prevé una caída a nivel de cantidad y de calidad", explica Nadeu. En el futuro próximo el campo español se verá afectado por el cambio climático, "especialmente los cultivos de secano como el olivar", a nivel nacional y europeo. En este caso concreto, señala Nadeu, "hay zonas en las que la producción se parará por completo porque ya no será posible cultivar, es algo que ya está ocurriendo".

En la provincia de Cádiz está la bodega Forlong, un viñedo ecológico que lleva funcionando desde hace más de diez años, aplicando técnicas sostenibles para hacer frente a la escasez de lluvia y a las olas de calor cada vez más intensas. Su encargado es el enólogo Alejandro Narváez, que se muestra preocupado por la tendencia de los últimos años. El pasado, sin ir más lejos, la sequía mermó a la mitad su cosecha de uva. Otros años ha sido la gota fría la que ha echado a perder sus cultivos: "cae mucha agua en muy poco tiempo, erosiona la tierra y a veces hasta deja la raíz en la superficie".

Viñedo ecológico en la bodega Forlong

Viñedo ecológico en la bodega Forlong

Para evitar esas pérdidas, Narváez trata de idear técnicas como el dejar crecer cubierta vegetal entre las hileras de vid, porque "nutre el suelo de forma natural y no se pierde tanta agua, es como una capa que guarda la humedad y evita que se pierda la que hay en las zonas más profundas". No sólo en la viña se combaten los efectos del cambio climático. En la bodega, han instalado sistemas para reducir el consumo de agua durante la elaboración del vino, desde el túnel de lavado para las cajas en las que se deposita la uva, hasta un innovador sistema de desinfección de las cubas.

"Estamos en una zona de secano, pero hay vecinos que plantan algodón o maíz, que están permitidos pero utilizan muchísima agua. Consume muchos recursos que va a necesitar la población", explica Narváez. Alicia Pou Mir, investigadora del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino, dependiente del CSIC, asegura que estas prácticas de aprovechamiento de recursos como el acolchado orgánico como cubierta de las líneas de los viñedos "ayudan a la retención del agua y a evitar las malas hierbas, y por tanto el uso de herbicidas". Puede ser, más allá de la vid, "beneficiosa en otros cultivos como la fresa o el tomate".

Vino ecológico de bodegas Forlong, en la provincia de Cádiz

Vino ecológico de bodegas Forlong, en la provincia de Cádiz

Al igual que con otros cultivos, el panorama futuro plantea la posible desaparición de zonas de cultivo debido a las condiciones climáticas. Pou Mir hace referencia a un artículo de la revista Nature Reviews, en el que se dibujan dos posibles escenarios: "Uno en el que haya un aumento moderado, de entre uno y dos grados en la temperatura media, que afectaría al rendimiento de las vides y a la calidad de la uva, y un segundo en el que los aumentos de temperatura serían mayores, dejando hasta el 90% de los viñedos del sur de Europa inviables para el cultivo de la vid". Sin embargo, insiste en no crear alarmismo.

El cultivo en altura es una de las alternativas. En La Rioja, ya se está intentando "elevar los cultivos a 800 o 850 metros, explica Pou Mir. La agricultura española es la más afectada por la crisis climática en Europa según el último informe de CaixaBank Research. Para paliar estos daños será necesario que los agricultores se adapten a la situación y busquen recursos para reducir los efectos del cambio climático y la sequía, como el uso de riegos eficientes o el implantar sistemas de captación y almacenamiento de agua.

 
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