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David Sedaris: "La gente que no tiene sentido del humor hace más ruido ahora que antes"

El escritor estadounidense publica en España su nueva colección de ensayos: 'Estoy bien' (Blackie Books)

David Sedaris: "La gente que no tiene sentido del humor hace más ruido ahora que antes"

David Sedaris: "La gente que no tiene sentido del humor hace más ruido ahora que antes"

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Madrid

David Sedaris (Johnson City, NY, Estados Unidos, 1956) lleva décadas escribiendo y andando. Lo primero le convierte en uno de los escritores estadounidenses más prolíficos y reconocidos en el campo del humor; lo segundo le permite acumular historias para contar en sus ensayos autobiográficos. En su nueva recopilación Estoy bien (Blackie Books, 2024) reflexiona sobre su vida dentro y fuera de EE.UU., se retrotrae a los días de confinamiento por la pandemia y recuerda la poco traumática pérdida de su padre. También describe la era post Donald Trump y la eclosión de movimientos sociales como Black Lives Matter. Siempre con su particular punto de vista, sin dejar a nadie indiferente. Es decir, con el sello Sedaris.

La última vez que hablamos, hace unos cuatro años, le pregunté qué le hacía reír, qué le parecía divertido, y me respondió con una reflexión sobre el humor como sentimiento colectivo. Ahora estamos en un mundo distinto, ¿cree que hacer reír a la gente es un poco más complicado que antes?

Pues, tendría que decir que sí. Pero creo que es solo porque la gente que no tiene sentido del humor hace más ruido ahora que antes. Por ejemplo, lo noto cuando leo algo en voz alta, delante de un público. Es como un ensayo que publiqué en el New Yorker hace poco; lo leí en Internet y por la respuesta del público, enseguida entendí que el ensayo funcionaba. Y después de que se publicara, alguien debió hacer una captura de pantalla de un solo párrafo. De repente, un montón de gente empezó a responder a ese párrafo aislado diciendo que yo era una persona horrible. Pero es que el ensayo no iba de eso en absoluto. Así que creo que existe una pequeña minoría, que habla mucho y muy alto, que hace que parezca que ya nadie tiene sentido del humor.

Pero sólo lo parece, porque si lo lee en un teatro, con espectadores, ese mismo texto hace reír.

Es sólo un pequeño grupo de... es que ni siquiera sé quiénes son. No sé por dónde merodean. No sé quién hace algo así. No sé quién se dedica a comentar absolutamente todo como si fuera imperativo, no sé quién saca las cosas de contexto de esa forma. Pero en todo caso, creo que ahora todo el mundo tiene miedo de esa gente. Yo no les tengo miedo. Sólo les odio, supongo.

Ahora que habla de ellos, de los haters, ¿cuál es su relación con las redes sociales, si es que las usa?

No, yo no me comunico con la gente por esa vía. Tengo una página de Facebook, pero no la he visto nunca. La gestiona mi editor. Tengo un perfil de Instagram en el que tampoco estoy involucrado. No tuiteo. Si recibo una carta, la respondo con mucho gusto; si alguien me escribe una carta, la leo y le contesto, pero eso es todo. A veces alguien me envía un correo electrónico a través de mi editor y ni siquiera me gusta contestarlos. Pero si le ponen un sello, yo encantado de responderles.

Usted escribe libros de ensayos –la mayoría sobre su vida o el día a día– y el éxito mayor es que luego va con sus obras a hacer lecturas y a hablar con sus lectores en giras en las que llena cientos de teatros enormes por todo Estados Unidos. De alguna manera, escribe y actúa. Y recuerdo que, en aquella conversación durante la pandemia, me dijo que tenía miedo de que eso no pudiera volver a hacerse y la gente se olvidara de usted. Supongo que ese temor se le ha pasado.

Sí, bueno, yo tenía suerte porque también podía escribir, publicar artículos en revistas y sacar libros. Pero creo que, para mucha gente, eso era un gran temor. Para muchos profesionales del espectáculo, lo era. No podían estar delante del público, ni actuar en televisión y eso generaba mucho miedo porque la cultura avanza muy deprisa. A las personas se las reemplaza rápidamente por el siguiente más joven, más interesante (quizás no más interesante, pero el siguiente en cualquier caso). Siempre hay alguien justo detrás de ti. Supongo que mucha gente, yo incluido, sintió que la pandemia supondría una oportunidad para que esa gente se nos colara por delante. Pero en esos momentos lo cierto es que nadie se movía demasiado.

Hace unos días hablamos en este programa con un experto en política americana. Nos decía que hay dos países distintos dentro de EE.UU. que están enfrentados y al mismo tiempo condenados a convivir. Hay una parte progresista que mira hacia adelante y busca nuevos horizontes y hay otra que prefiere profundizar en los ideales en los que el país fue fundado: dinero, religión y armas. En sus libros describe muy bien esas dos facciones.

Bueno, como viajo tanto... Yo creo que la mayoría de la gente vive en su pequeña burbuja. Y precisamente, al viajar tanto, puedo ver esas "dos Américas" todos los días. Es cierto que mi público no son las "dos Américas", mi público es sólo una de ellas. Pero creo que nos pasa a todos, que hay personas en nuestra propia familia que cree en teorías de conspiración o que podría votar a Donald Trump. Y entonces nos toca encontrar una forma de conciliar y hacer las paces dentro de la familia. Y es algo que hacemos, nos las arreglamos para encontrar la forma de hacerlo. A veces pienso que ojalá mi país también pudiera encontrar la forma de hacerlo.

De hecho, en el libro hay un capítulo que recoge algo que me sorprendió mucho en uno de mis primeros viajes en coche por el país. Si uno va por carretera, de norte a sur por la costa este, da la impresión de que en un momento dado se llega a una línea imaginaria. Cuando la cruzas parece que en la carretera solo hay tiendas inmensas de fuegos artificiales. Es como si en los estados del sur la gente estuviera todo el día vendiendo y comprando fuegos artificiales por no sé qué razón.

Sí, los fuegos artificiales son la puerta de entrada a las armas, así es.

¿Es como una primera aproximación a las armas?

En Carolina del Norte no se podían comprar fuegos artificiales, pero nosotros no teníamos más que cruzar la frontera con Carolina del Sur y justo ahí, en la frontera, había un montón de tiendas que vendían todo tipo explosivos. En la actualidad hay estados, como sabrás, donde la marihuana es legal y estados en los que no. Yo antes fumaba bastante marihuana, pero luego lo dejé porque no me quedaba más remedio. Y claro, cómo no, después de dejarlo, se legalizó la marihuana. Ahora me ocurre que no soporto olerla en la calle.

El olor está en todos los sitios…

Creo que fumar marihuana en la calle es el nuevo “fumar puros en la calle". Así de irritante me resulta. Tanto como el humo de los puros.

Usted ha vivido mucho tiempo fuera de su país de origen: en Francia e Inglaterra. ¿Ha entendido mejor EE.UU. cuando lo ha contemplado desde fuera?

Creo que sí. Todo el mundo lo entiende mejor cuando tiene la oportunidad de viajar y de estar fuera. En parte lo que pasa es que, si te crías en América, igual en el momento no lo ves como propaganda, pero te meten en la cabeza un montón de ideas: somos el mejor país del mundo, somos el número uno en sanidad, en educación... Ningún otro país es una verdadera democracia, ningún otro país es realmente libre. Luego sales de casa y piensas: “¿qué me estás contando?”. Creo que salir del país sería algo bueno para todo el mundo. Me encantaría que pudiéramos utilizar nuestros impuestos para eso y enviar a los niños lejos de sus padres y que vayan al colegio en otros países, no sólo a países donde se puede beber el agua. Mi novio, Hugh, creció en África y no vivió en Estados Unidos hasta la adolescencia. Y él, durante mucho tiempo era incapaz de entender por qué la gente discutía por unos pantalones vaqueros. En su tierra, la gente discutía por el agua, por la posibilidad de tenerla. Así que pienso que viajar es la mejor educación. Recuerdo una vez, en un vuelo de París a Nueva York, que había un grupo de estudiantes de secundaria delante de mí y cuando se bajaron del avión se pusieron a besar el suelo. Y pensé: a ver, tampoco estamos volviendo de Karachi. Quiero decir, ¿qué era? ¿Qué era aquello que no podías conseguir en París que sí tienes en tu país? ¿Sería uno de esos termos del tamaño de un cubo de basura que te llevas a todas partes? Yo creo que era eso. Y pensé: “¿en serio estáis besando el suelo por eso?”.

Hay un ensayo en el último libro en el que cuenta cómo durante la presidencia de Donald Trump estaba constantemente leyendo los periódicos, consultando las webs de información de manera compulsiva, y que, cuando ganó Joe Biden, se alejó de la información del día a día, que era casi como un trabajo. Y es verdad que seguir la actualidad política es cansado, porque es frenética, es fea, es poco constructiva, es apocalíptica, y la tentación de alejarse está ahí… Pero, ahora que puede llegar Trump otra vez, ¿ha recaído?

Ahora me veo obligado a despertar de mi estupor. Y es verdaderamente deprimente. Pero bueno, yo voto. Nunca he dejado de votar. Cuando salgo de gira, hago lo que puedo para que la gente vote. En el hall del teatro siempre tengo organizaciones que pueden inscribir a la gente para que vote. Antes también donaba dinero a los candidatos. El problema es que venden tu información. Y entonces cada dos por tres, te están enviando cosas. Ojalá pudiéramos darles el dinero sin más, sin recibir correos ni mensajes de texto constantemente. Es deprimente, muy deprimente. A mí me encanta Bill Maher. Él ha dicho recientemente que votaría a Biden aunque sólo fuera una cabeza decapitada en un frasco de líquido azul. Yo pienso igual. Le votaría a él antes que a Donald Trump.

De hecho, hay un texto suyo que se ha hecho viral ahora aunque lo escribió allá por 2008 en el New Yorker (antes de las elecciones que enfrentaron a Obama y McCain) y, de alguna manera, se asombraba por aquello que llaman “los indecisos”, ¿cómo alguien puede ser políticamente indeciso?

Sí, es aplicable a la situación actual. Eso es algo perenne, sigue valiendo. Siempre me pregunto, en todas las elecciones, tenemos votantes indecisos que reciben toda la atención, ¿no? Se sientan en una habitación y dicen: "No me he decidido todavía. No sé qué candidato sería mejor". Y yo, sencillamente no puedo comprender cómo se puede dudar en estas elecciones. Pero en las anteriores sucedió lo mismo. Es algo que se llega a eternizar cada cuatro años, la misma historia. Ahora mismo, John McCain, sería…

…sería seguramente alguien a quien usted podría llegar a votar…

John McCain, no lograría la nominación si siguiera vivo, los republicanos nunca lo nominarían. Estaría demasiado a la izquierda para ellos. Pero cuando le miro ahora, pienso, “pues sí: él podría ser presidente”, madre mía… Pero me cuesta imaginar que dentro de diez años lleguemos a un punto en el que diga: "Vaya, pues resulta que Donald Trump no era tan malo”. No puedo imaginar llegar tan lejos.

Si dejamos la política y hablamos un poco de literatura –de escritura–, usted ha dicho que la comedia es inmediata, pero la tragedia necesita distancia, hay que dejar pasar el tiempo antes de escribir sobre algo trágico. ¿Sigue aplicando esa norma?

A veces ocurre algo y necesitas distanciarte de ello. Y otras veces ocurre algo y puedes sentarte al día siguiente a escribir. Depende de cuál sea el ensayo, de cuál sea el tema. Ahora estoy escribiendo algo que llevaba mucho tiempo queriendo escribir. Me desperté un día y pensé: “ya estoy lo suficientemente lejos de eso, creo que ahora ya puedo escribirlo”. Cada caso es diferente. Yo tengo un archivo en mi ordenador con ideas para ensayos. Y a veces recurro a él y pienso: "No, aún no estoy listo". Y otras veces pienso: “Esto es perfecto".

La gente que lee sus libros sabe que escribe mucho sobre su propia familia y ya nos contó que todos le dan permiso para escribir lo que escribe de ellos. La única excepción es su padre, que murió hace un par de años. ¿Ha cambiado su manera de entender o analizar la figura y la personalidad de su padre ahora que ya no vive?

No, bueno, me gustaría poder decir que ahora le recuerdo y pienso: "Ah, ahora entiendo por qué actuó así". Pero no es así, suena un poco mal decirlo, pero la verdad es que no me importa que esté muerto. Quiero decir: siento que el mundo es un lugar mejor sin él. El otro día recuerdo que estaba hablando con alguien, hablábamos sobre el cielo, esa idea del cielo de que te mueres y luego te reúnes con tu familia. Y yo pensaba: “Dios mío, ¡espero que no!”. Además, si piensas en toda la gente que ha muerto en la historia del mundo, el cielo tiene que ser un lugar tremendamente concurrido. ¿Cómo van a encontrarte? Tiene que haber miles de millones de personas ahí. ¿Cómo te van a encontrar?

THE TONIGHT SHOW CON JIMMY FALLON. El escritor David Sedaris durante una entrevista con el presentador Jimmy Fallon el 2 de diciembre de 2014.

THE TONIGHT SHOW CON JIMMY FALLON. El escritor David Sedaris durante una entrevista con el presentador Jimmy Fallon el 2 de diciembre de 2014. / NBC

Usted dice que una de las cosas buenas de la literatura con humor es que la gente piensa que siempre está bromeando, y eso le permite ser más directo y a veces un poco cruel con aquellos que considera que lo merecen. ¿Ha tenido algún encuentro reciente que le haya dado alguna idea para un ensayo?

He tenido algunos geniales recientemente. Sólo me pasa con extraños. Hace unos días había quedado con alguien y estaba paseando por Nueva York; iba como por la esquina de Park Avenue con la 65, y una mujer me dijo: “Yo te conozco, tengo entradas para ver tu función". Y le pregunté: "¿A dónde vas?". Y ella me dijo a dónde iba. Le dije: “Estupendo, ¿caminamos juntos?”. Entonces, me contó que su hija se iba a divorciar o a romper con su novio. Y le pregunté: “¿Qué ha pasado?". Y ella me dijo: “¿Qué es lo único en lo que ninguna pareja es capaz de ponerse de acuerdo?". Y le contesté: “En la iluminación de techo". Pero ella me dijo: “No. Él quiere hijos y ella no". Yo estaba convencidísimo de que la respuesta era la iluminación de techo.

Sí, hay muchos divorcios por eso, ¿no?

Y luego hice una entrevista el otro día para una revista infantil, porque acaba de salir un libro para niños que he escrito, y el periodista me preguntó: "¿Qué es lo que necesitan todos los niños?". Y no se me ocurrió responder “amor", porque pensé: "Bueno, yo viví sin eso". Y entonces dije: “Un muñeco”. ¡Un muñeco!

¿Esa es la primera necesidad que se le vino a la cabeza?

Y de nuevo, estaba convencidísimo de que tenía la respuesta correcta. Por cierto, ¿Cómo se dice puppet en español?

Muñeco.

Ah, qué bonito, “muñeco”.

Eso me recuerda a lo que le pasa a un escritor que colabora con nosotros en el programa, que escribe libros sobre las ciudades del mundo en las que vivía y, cuando alguien le reconocía porque los había leído, actuaba de manera rara para ver si conseguía que le sacara en su siguiente libro. Usted, que es David Sedaris, conocidísimo en Estados Unidos, que está mucho en los late night shows de televisión, ¿tiene la impresión de que la gente hace cosas raras cuando está con usted para ver si sale en algunos de sus ensayos?

De vez en cuando lo hacen en una firma de libros, pero nunca son ellos los que me cautivan de verdad. Suele ser la gente más callada con la que mantienes una conversación tranquila, la que dice algo inesperado en respuesta a una pregunta. De vez en cuando ocurre que una persona se pone delante de mí para que le firme un libro y parece fuera de lugar. Quizá no se parezca a los demás, y eso siempre me resulta fascinante: hablar con ellos y aprender. Como una mujer que vino y me contó que conduce un camión. Vino sola, ninguno de sus amigos tenía ni idea de quién era yo, pero ella escucha mi audiolibro en su camión. Podría haberla tenido allí toda la tarde. Y luego están los que me hacen preguntas del tipo: “¿Qué prefieres ser... un guisante enlatado o un fideo que vive en una caja?”. Eso es una chorrada, no es una buena pregunta. Supongo que lo que más me gusta es la gente que no encaja.

¿Le molesta que le reconozcan por la calle?

Me encanta. Ayer, una mujer me paró y me dijo: "Dios mío, David Sedaris, eres un icono. Me he leído todos tus libros". Y me preguntó: "¿Podemos hacernos una foto juntos?". Y no hay nada peor que un selfie. Así que vi a un tipo caminando hacia nosotros que no parecía una persona de Madison Avenue, con un anillo en la nariz, y le dije: “Aquí nuestro amigo nos hará una foto, es un fotógrafo excepcional”. Entonces le pregunté a él: "¿Te importaría hacernos una foto?". Y la mujer dijo: "¿Lo conoces?" Y yo: "No". El caso es que el tipo nos hizo la foto y al devolver el teléfono me dijo: “Tú eres David Sedaris". No me lo esperaba para nada. Normalmente, cuando la gente me para, son amables. Es justo lo que soñábamos cuando éramos pequeños. Empecé a hacer cosillas en televisión. Y creo que, si sales en la tele, es posible que te reconozca más gente. Porque por una foto de autor… no hay tanta gente que te reconozca por eso.

¿Le dicen mucho eso de “le conozco, pero no sé quién es”?

Sí, pero cuando la gente me pregunta: “¿oye, de qué te conozco?" Yo pienso: “Pues no lo sé. No sé cómo será tu vida.”

Un amigo cómico dice que escuchó una conversación sobre él en la que alguien decía “ese hombre me suena, ¿quién es?”. Y el otro respondía: “No es nadie”…

Eso es lo peor que se puede decir de alguien. Bueno, no me gusta nada cuando estoy en un avión. A veces las azafatas me dicen: "Quiero que sepas que no me puedo creer que estés en este vuelo, es un honor tenerte aquí…”. Y entonces, cuando se va, la persona que tengo al lado me dice: “¿Quién eres?"... No me apetece explicarle quién soy.

Lleva escribiendo ensayos desde que tiene 20 años y sus lectores saben que está obsesionado con un reloj que cuenta los pasos que da cada día, que son como 20.000. Otro escritor que trabaja en este programa dice que las mejores ideas se le ocurren mientras pasea. Hay un nexo raro ahí, entre pasear y desarrollar la creatividad.

Caminar siempre ha sido mi momento para la fantasía. Empecé a caminar mucho cuando tenía unos 12 años. Salía durante horas y me dedicaba a fantasear sin más. Así ha sido siempre. Ahora, cuando fantaseo puedo convertirlo en un relato corto o en un ensayo. Pero, sobre todo, tiene que ver con que yo como muchísimo, me encanta. Así que tengo que moverme todo el rato para poder quemarlo. Hace poco viajé a Kenia, y mi mayor temor era no poder cumplir mi objetivo diario de pasos en mi reloj porque vivía en un campamento junto al río y no podíamos salir para que no nos comiera un león o nos matara un hipopótamo. Por suerte, pasábamos unas cuatro horas al día en un jeep, y las carreteras eran tan malas que iba zarandeándome de un lado a otro, cosa que confundía a mi reloj haciéndole creer que estaba caminando.

Como escritor, a medida que se llega a cierta edad, ¿siente que es más difícil escarbar en sus recuerdos, contar cosa que no ha contado, siente que todo lo que había que escribir ya se ha escrito?

No conozco todo lo que hay ahí fuera. Si fuera al contrario, entonces podría pensa: "Vale, es inútil intentarlo, es posible que alguien haya escrito ya sobre su Fitbit confundiéndose por estar en un sendero rocoso de Kenia". Creo que si piensas en todo lo que se ha hecho ya y pudieras ver todo delante de ti, perderías la fe. Pero a mí no me pasa, aunque a veces me pregunto en qué ensayos estaré trabajando dentro de un año: "¿Qué habrá pasado entre ahora y el año que viene?". Por ejemplo, el día aquel que vino esa mujer y me preguntó qué era lo único en lo que ninguna pareja consigue ponerse de acuerdo y yo le dije que en la la iluminación de techo, yo pensé que seguro que ahí había una idea para un ensayo, o que podría construir algo a partir de eso de alguna forma. No sobre ese encuentro en concreto, que fue sólo un momento, pero que tal vez podría llevarme a algo más.

Usted ha recibido críticas que tienen que ver con su escepticismo frente a las demandas de la gente más joven, con su manera de protestar. Comparte algunas de sus reivindicaciones, pero considera que se centran demasiado en cuestiones accesorias, y no en los grandes problemas. ¿Siente que entiende peor ahora la manera de ser y de pensar de los jóvenes, su manera de protestar?

Veo gran parte de todo eso como algo performativo. Y al decir esto no puedo evitar verme a mí mismo a esa edad. Recuerdo que yo iba a manifestaciones y si alguien me hubiera sacado de ellas y me hubiera preguntado "¿por qué estás protestando?", no hubiera tenido ni idea. Yo lo que veía eran esos aspectos performativos, que no podía dejar de observar y sobre los que escribí. Y eso no significa que todo el mundo estuviera publicando cosas en Facebook o en Twitter, o lo que fuera, pero mucha gente sí lo hacía y me parece bien señalarlo. Es algo que me preocupa constantemente… Ahora tengo 67 años y no quiero ser el tipo de persona que odia a los jóvenes. Solo siento que son muy diferentes a mí, pero no me gusta que no me gusten.

¿Siente que a medida que se hace mayor se parece más a sus padres que a la generación posterior a usted?

Desde luego que sí. Da mucho miedo convertirse en tus padres. Llevo un tiempo dándole vueltas a algo: se trata de un chaval que Hugh y yo conocemos. Ahora anda perdiendo el tiempo. Es alguien que tiene mucho potencial y que ahora mismo no está haciendo nada con su vida. Me imagino a mí mismo sentándolo para tener una charla con él y pienso: “Ay, dios, parezco mi padre”. Es aterrador. No le conozco lo suficiente. Si esa persona me pidiera consejo, sería distinto, pero ofrecérselo yo sin pedirlo sería el tipo de cosa que haría mi padre.

¿Pero cuál es su mirada hacia las demandas de los jóvenes, las cuestiones que les preocupan? ¿Siente que son preocupaciones muy distintas a las de hace 50 años?

Creo las redes sociales han marcado una gran diferencia. El otro día vi un artículo en el que una mujer hablaba de cómo los jóvenes actualmente tienen más problemas de salud mental que nunca, pero a la vez también tienen más terapia que nunca. Decía que los jóvenes no se están sacando el carné de conducir y que siguen viviendo con sus padres. Y la autora del artículo escribía: “Yo entiendo que es caro conseguir un apartamento en estos momentos, pero si yo hubiese estado en su lugar, a su edad, me hubiera ido a vivir con otras ocho personas a una habitación por no quedarme en casa de mis padres". Entonces un montón de gente escribía diciendo: "No tienes ni idea de lo caro que está todo”. Y bueno, lo cierto es que ella acaba de reconocerlo. Pero cuando hay ocho personas en una habitación, es porque quieren escapar. Es porque hay un deseo de establecerse como independientes. A decir verdad, cuando miro a la gente que conozco de mi edad o más jóvenes que tuvieron hijos –o un sólo hijo en muchos casos– a menudo veo que trataban al niño como si fuera un genio. Sé que esto me hace parecer viejo, pero es que cuando yo era joven no le poníamos nombres a todo, como ahora. Ahora alguien tiene trastorno de déficit de atención. Nosotros antes lo llamábamos ser inquieto, ¿verdad? O antes decíamos que alguien era tímido, pero ahora resulta que tiene trastorno de ansiedad social. Entonces creo ahora todo tiene nombre, y que nosotros no recibíamos tanta atención por parte de nuestros padres. Mis padres nunca nos acostaban. Nuestros padres cerraban la puerta y nos decían: "Callaos". Y eso era todo. No nos leían cuentos durante una hora cada noche y no eran nuestros amigos. No eran nuestros enemigos, pero tampoco nuestros amigos. Ese no era su trabajo. Y creo que ahora eso ha cambiado. La gente tiene un hijo y quiere ser su mejor amigo y protegerlo de todo. Y nuestros padres eran más de decirnos: “Búscate la vida”. Cuando mi hermana Amy cumplió 18 años, por ejemplo, dijo que ella no quería ir a la universidad. Entonces mis padres le dijeron: “No pasa nada, no tienes que querer ir a la universidad, pero te tienes que marchar de casa. Nosotros te ayudamos con la mudanza y a llevar tus cosas a donde vayas, pero tienes que mudarte." Y, yo no me puedo imaginar a ninguno de mis amigos diciéndole eso a sus hijos ahora. Ahora sus hijos tienen más de 20 años y siguen viviendo en casa con sus padres.

El papel de los padres era más el de proporcionar una educación y una alimentación, y poco más… ¿Lamenta haber nacido en esa generación, habría preferido nacer en un momento como este en el que hay más desigualdad, pero una tecnología muy superior en todos los terrenos?

Estoy muy agradecido de haber crecido en el momento en que lo hice. Todos en mi familia teníamos problemas de algún tipo, éramos seis hijos y mis padres no tenían tiempo para dedicarnos tanta atención a ninguno de nosotros. Y no sé, estamos todos bien. Quiero decir, no tenemos la opción de haber nacido en otra época que no fuera la nuestra, pero una cosa que agradezco de verdad es haber tenido tantos hermanos y hermanas. Eso estaba bien porque también te socializa, criarte en una casa grande. Te enseña a hablar con los demás. Te enseña a llevarte bien con todos. Mientras que si eres hijo único tal vez se te dé bien hablar con adultos, pero no sé si puedes llegar a aprender a transigir o a manipular, que son habilidades importantes, del mismo modo que cuando tienes muchos hermanos.

Si yo fuera adolescente ahora estoy seguro de que caería en todos los peores hábitos de redes sociales, de preocupación por la imagen. Veo a mis hijas y me preocupa a lo que tienen que enfrentarse.

Sí, a mí también me da mucha pena. Ahora, si alguien escribe cualquier basura sobre mí en Twitter o donde sea, yo ni siquiera lo leo. Incluso si alguien me lo cuenta de segunda mano. Supongo que ya sé quién soy, así que no me va a molestar tanto. Pero si me imagino que tengo 13 o 14 años, con los nervios expuestos, por fuera de mi cuerpo, sería otra historia totalmente diferente.

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