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Opinión

"No era Oltra, era el Botànic": la reflexión de Ángeles Caballero sobre el coste personal de entrar en política

España entierra mucho mejor de lo que reinserta, y aún es pronto para saber lo que sucederá con la que fue vicepresidenta de la Generalitat valenciana

Echado un poco la vista atrás, y no hace falta irse muy lejos en el tiempo, dijo Mónica Oltra cuando dimitió que su caso pasaría a la historia de la infamia política, jurídica y mediática en este país, con una voz entrecortada y con rotundidad. Esto ocurrió hace 21 meses, cuando un juez la imputó por haber ordenado, supuestamente, encubrir los abusos sexuales que su entonces marido cometió sobre una menor tutelada en un centro de menores de la Generalitat en el que trabajaba.

A Luis Icardi Ramírez, porque las parejas de los y las políticas tienen nombres y apellidos, una sentencia del Supremo lo mandó a la cárcel, porque se juzgaron y comprobaron los hechos deleznables de los que se le acusaban.

No era Oltra, era el Botànic

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Pero luego tenemos Oltra, que dimitió quizá movida por su conciencia, por aquello de que la nueva política era necesariamente diferente a la vieja, y ayudada y empujada por sus amigos y sus enemigos, que en estos casos suelen ser casi lo mismo. Y empujada por una extrema derecha a la que le importaban un bledo Oltra, su pareja y la menor tutelada, (qué cosas, con lo que deshumanizan ellos al contrario, y sobre todo a los menores que vienen a España, y aquí bien que les dolía), porque se trataba de tumbar al gobierno de coalición de entonces, que no era Oltra, era el Botànic.

Dimitió, se fue, y adiós. Hasta ayer. Día en el que el Juzgado de Instrucción 15 de Valencia ha archivado provisionalmente la causa porque, tras más de dos años de investigación, el juez no aprecia “indicios de la comisión de delito alguno”. Una resolución que no es firme y aún puede ser recurrida.

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España entierra mucho mejor de lo que reinserta y de lo que repara. Y aún es pronto para saber lo que sucederá con la que fue vicepresidenta de la Generalitat valenciana. Lo que sabemos es que desde ayer, en sus redes sociales hay silencio. También en las de Ximo Puig. Permanece esa frase de su biografía en la que dice que su tarea ahora consiste en combatir las injusticias desde la abogacía y la mediación. Y permanece fijada su foto con una camiseta en la que se lee una cita de la filósofa y política Angela Davis: “Ya no acepto las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar”.

Para lo que aún no es pronto es para lamentar que compense tan poco entrar en política. El desgaste brutal que supone que tu vida pase de ser privada a pública. Una carrera a la que parece que uno solo pueda aspirar si viene limpio de polvo y paja hasta el extremo. Sin familia y sin amigos, sin pasado y sin redes sociales, con una coraza, eso sí, de titanio que aguante todos los golpes, para que nada nos pese. Un calvario con pocas posibilidades de resurrección.

No es mi intención exculpar a todos los políticos, pero me niego a meterlos a todos en el mismo saco. En esa maldita caja de todos son iguales, sacando pecho del juez que todos llevamos dentro, severo, incapaz de conceder segundas oportunidades.

Es una de tantas historias a las que habría que dedicarle un tiempo reposado, una reflexión. Ese del que no disponemos o, lo que es peor, que no tenemos intención de buscar porque enseguida encontraremos al siguiente o a la siguiente para colocar en la diana.

Así que celebraciones, al menos en mi caso, muy pocas.

Ángeles Caballero

Ángeles Caballero

Periodista. Colabora en 'Hoy por Hoy', con Àngels Barceló. Escribe en El País. Y habla en La Sexta.

 
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