Política

Madrid – Barcelona: ¿Fin de la carrera?

Tener dos grandes ciudades compitiendo casi de igual a igual por una capitalidad de facto en los negocios, la tecnología, la creatividad o la proyección internacional es un lujo que no se da muy frecuentemente

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c), el presidente de Ifema, José Vicente de los Mozos (i), el presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, Ángel Asensio (d), el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (2d) y el presidente y CEO de la Fórmula 1, Stefano Domenicali (2i) a su llegada para la presentación del Gran Premio de España de Fórmula Uno de Madrid. / Rodrigo Jiménez (EFE)

La entrada en el club de ciudades de la Fórmula 1 va a ser sin duda un notable elemento de promoción exterior para Madrid, aunque siempre haya que tener en cuenta que en este negocio de los grandes eventos abundan los casos de exceso de optimismo sobre el impacto de la atención internacional y los retornos duraderos.

De momento, es sobre todo un mensaje de ámbito nacional. La fiesta con la que la capital de España celebra lo que las estadísticas del INE vienen certificando: que Madrid está dejando atrás a Barcelona en su vieja carrera por la hegemonía económica, cultural y política, y representa ya casi un 20 % del producto interior bruto del país

Tener dos grandes ciudades compitiendo casi de igual a igual por una capitalidad de facto en los negocios, la tecnología, la creatividad o la proyección internacional es un lujo que no se da muy frecuentemente. Aumenta el atractivo del país al ofrecer varias alternativas, optimiza la explotación de las ventajas competitivas propias de cada ciudad y reduce los inconvenientes de tener una única capital de dimensión excesiva que actúe como una imparable aspiradora de personas, inversiones y recursos del resto del territorio.

Esto último ha sido una de las consecuencias inesperadas de la nueva economía inmaterial del siglo XXI, que aumenta la concentración del poder económico y del talento en las grandes ciudades globales y acentúa los procesos de centralización y desigualdad. Por eso, sea uno del Real o del Barça, no es una buena noticia para una equilibrada ordenación territorial que la distancia entre Madrid y Barcelona se esté ensanchando.

La presidenta madrileña presume de que su comunidad es ya el motor de España. Es una metáfora apropiada para presentar el nuevo circuito urbano de la F1, pero no es una definición muy exacta. De hecho, la estructura productiva de la Comunidad de Madrid destaca por el pequeño peso que tiene la industria manufacturera en comparación con otras comunidades. También exporta menos que la media del país.

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Probablemente su cambio más significativo en los últimos quince años haya sido precisamente el aumento del empleo en el sector financiero y de seguros. Mientras en el resto de España se ha reducido imparablemente desde la crisis de 2008, la City madrileña ha seguido creciendo con sus rascacielos, consultoras corporativas y gestoras de inversión, imponiendo el nuevo poder del dinero frente al viejo poder de la producción.

Barcelona, por su parte, añora los tiempos en que fue la ventana a Europa para varias generaciones de españoles, la capital del boom latinoamericano, la gran locomotora industrial -de hecho, hoy lo sigue siendo junto con la Comunidad Valenciana-, un modelo de diseño y gestión urbana reconocido a nivel mundial, la ciudad de los prodigios olímpicos del 92… Sabe que Madrid se está escapando y que no todo se debe al desacomplejado modelo neoliberal que la derecha impulsa desde hace dos décadas.

No obstante, quizás sea prematuro dar por terminada la competición entre ambas capitales. Barcelona intenta todavía superar el desaguisado del procés y la inevitable espantada empresarial, conserva una posición fuerte entre las grandes empresas tecnológicas y cuenta con un potente y admirado sistema de ciencia y tecnología -la obra de Andreu Mas-Colell-, que apuesta, entre otras cosas, por convertir la ciudad en un polo biomédico internacional.

La gran inversión en Barcelona anunciada días atrás por la farmacéutica AstraZeneca no ha tenido el relumbrón de la F1 de Ayuso y Almeida, pero su objetivo es el mismo, aunque por distintos caminos. Madrid mira a Miami y Barcelona prefiere mirar a Boston, aunque sin renunciar a la Fórmula 1 ni al turismo masivo. Una contradicción que puede determinar el resultado final de la carrera.

José Carlos Arnal Losilla

Periodista y escritor. Autor de “Ciudad abierta, ciudad digital” (Ed. Catarata, 2021). Ha trabajado...

 
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