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'La desheredada', el arranque de las novelas españolas contemporáneas de Galdós

Publicada en 1881, está considerada una de las obras más importantes en la producción del escritor realista

'La desheredada', el arranque de las novelas españolas contemporáneas de Galdós

'La desheredada', el arranque de las novelas españolas contemporáneas de Galdós

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Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843 y murió en Madrid el 4 de enero de 1920. Es uno de los mayores narradores de nuestra literatura. Como autor, revolucionó la narrativa española. Nosotros ya les hemos contado 'Marianela', 'Doña Perfecta', 'Misericordia', 'Tristana', 'Miau' y los episodios nacionales 'Trafalgar' y 'Bailén'. Hoy les traemos la novela con la que arranca el ciclo de "novelas españolas contemporáneas".

Un universo propio paralelo a la sociedad española

'La desheredada' se publicó en 1881 y es una delicia, un viaje brutal por un Madrid sorprendente y un personaje brillante. Es divertidísima, terrible, emocionante, profunda, y sus personajes están contados con un cuidado y un detalle que terminas conociéndoles, queriéndoles y odiándoles. Historia de una involuntaria impostura, 'La desheredada' ocupa dentro de la vasta producción de Benito Pérez Galdós un lugar de primordial importancia, ya que constituye, de un lado, el punto de arranque del ciclo de "novelas españolas contemporáneas" en el que Galdós creó un universo propio paralelo a la sociedad española, y de otro, uno de los más logrados esfuerzos para plasmar las enseñanzas de la escuela naturalista de manera original y creadora. La protagonista, Isidora Rufete, la presunta desheredada del marquesado de Aransis cuyas desafortunadas vicisitudes se narran en sus páginas, pertenece a ese mundo de personajes inolvidables que entrecruzan sus destinos dentro de la gran comedia humana galdosiana.

Escribe José María Merino en Revista de Libros que en las relaciones entre los personajes, Galdós no elude ninguna situación que pueda ser expresiva del drama, por difícil que resulte su construcción. Escenas que un escritor menos dotado o más precavido resolvería mediante descripciones indirectas, él las desarrolla poniendo a los personajes frente a frente, en textos que no sólo denotan su buena mano para el teatro, sino que nos hacen sentir unas conductas plenas de verdad. Claro que en la novela no hay escenas sexualmente explícitas, pero incluso la comunicación de Isidora con sus amantes está expuesta con claridad. En muchas ocasiones, Galdós muestra una asombrosa intuición de esas pulsiones ocultas que el psicoanálisis comenzaría a desvelar unos años después.

Indica José María Merino que 'La desheredada' es una novela bien proporcionada, perfecta en su medida. Sin duda, esta buena proporción proviene de su estructura. En cada una de las partes, Galdós ha procurado la más amplia variedad de registros narrativos. Galdós construye el relato desde diversas perspectivas formales. Conviven la primera persona y el flujo de conciencia con la narración en tercera persona y las escenas dramatizadas. Hay también exhortaciones irónicas del autor, y fragmentos en que se funden historia y ficción a través de las «efemérides verbales» de don José de Relimpio. El cambio de registro en los capítulos, además de enriquecer las dimensiones y horizontes del relato, es un agradable hallazgo para el lector, y una indudable invitación para una contemporánea lectura deleitosa.

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Como señala Fernando Rodríguez Mansilla, resulta complicado, en el mundo de 'La desheredada', desentenderse del mal de Isidora, ya que esta, a su pesar, parece condenada por su belleza juvenil y su refinamiento natural, rasgos que le ganan el afecto de los que la rodean, hasta el punto de soportar todas sus manías y errores, aunque le den consejos que ella nunca atenderá. A Isidora le aterra la igualdad y su decidida defensa de la aristocracia choca con los aires reformadores que promueve la caída de los antiguos privilegios. Isidora sentirá que este mundo que le ha tocado vivir no es para ella, que pudo ser feliz en una época anterior, cuando la nobleza se respetaba y las clases bajas vivían embrutecidas, sin poder económico, y conformes con su lugar inferior en la pirámide social.

 
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