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Economía y negocios

El boicot como herramienta de protesta: "Es una forma de llevar al mercado una reivindicación política"

En el contexto actual del conflicto en Oriente Medio, hay voces que demandan un boicot a los productos procedentes de Israel o incluso de algunas marcas vinculadas al estado hebreo

El boicot como arma de protesta política

El boicot como arma de protesta política

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La utilización del boicot como recurso de la ciudadanía para expresar su descontento con una empresa o un país no es algo nuevo. Esta táctica de presión mediante la omisión de compra de ciertos productos es un recurso muy utilizado por los consumidores, que en la sociedad de consumo actual lo tienen cada vez más fácil para decidir qué comprar, pero también qué no comprar. El consumidor tiene también una herramienta contraria, se trata del "Buycott", que trata de impulsar la compra de productos responsables con el entorno, como explica la periodista Laura Villadiego, de Carro de Combate. El poder del boicot reside en la responsabilidad ciudadana y puede poner en apuros las economías de grupos empresariales e incluso de países.

Para encontrar el origen de esta herramienta de protesta tenemos que trasladarnos a la Irlanda de 1880. Nuestro protagonista es el capitán Charles Cunningham Boycott, un administrador de fincas cuya labor era recaudar impuestos de los agricultores que trabajaban las tierras de un gran terrateniente, el conde de Erne. La desorbitada subida de las cantidades que reclamaba el arrendador llevó a los campesinos a abandonar dichas tierras, incitando al resto de ciudadanos a vetar cualquier tipo de relación comercial con Charles Boycott.

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La situación alcanzó tal magnitud que llegó hasta a que el cartero no le llevara el correo, o a que los hoteles de Dublín se negaran a alojarle en sus habitaciones por las advertencias de boicot de los ciudadanos. En definitiva, los irlandeses "hicieron un Boycott" a este administrador, una expresión que se fue extendiendo gracias a la prensa de la época. En los años posteriores se fueron haciendo cada vez más frecuentes, tanto que se llegó a fundar un periódico que informaba exclusivamente de este tipo de campañas, con el nombre "The Boycotter".

Casi 20 años de boicot a productos procedentes de Israel

La situación actual en la franja de Gaza ha acentuado más si cabe las demandas de boicotear a productos y marcas relacionados con el estado de Israel. "En 2005 surgió una iniciativa de la sociedad civil palestina con la intención de aplicar al estado de Israel una campaña de boicot, sanciones y desinversión, BDS por sus siglas en inglés", explica Ana Sánchez Mera, que forma parte de la agrupación. A nivel España este movimiento se mueve con el nombre de RESCOP, Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina.

¿Los boicots los carga el diablo?

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La pregunta que se nos puede venir a la cabeza es si realmente los boicots tienen un efecto en la economía del boicoteado. Según Amparo Novo, profesora de Sociología en la Universidad de Santiago de Compostela, es "muy difícil cambiar las políticas de repente, hay que esperar un tiempo, pero los boicots finalmente pueden tener el efecto deseado".

En el caso del boicot a los productos procedentes de Israel, pone el foco en que algunas grandes potencias tratan de ralentizar su efecto. Novo destaca también el impacto de otros boicots recientes, como el veto a los productos con aceite de palma: "Este precedente demuestra que tanto a nivel político como comercial el boicot sí que tiene un efecto".

Boicots a lo largo de la historia

Lo cierto es que los boicots se llevan produciendo desde antes incluso de que tuvieran ese nombre. Un estudio afirma que todos los ciudadanos estadounidenses participan como mínimo en un boicot al año. Estado Unidos ha sido el país de los boicots por excelencia, con movimientos tan trascendentales para la historia como el Motín del té de Boston en 1773, que desembocaría en la independencia de las trece colonias inglesas que se convertirían en los Estados Unidos de América.

A mediados de los 50, el gesto de Rosa Parks, que se negó a desocupar su asiento, reservado para personas blancas, impulsó el boicot a los autobuses públicos de Montgomery. Una reivindicación que dio pie al inicio del fin de la segregación racial en el país. El episodio del apartheid en Sudáfrica impulsó también un movimiento de conciencia social a nivel global en los consumidores de todo el planeta.

En España también se han vivido recientemente episodios similares. Hace algunos años, en 2017, en el auge de la causa independentista, tomaba fuerza entre algunos sectores la idea de boicotear productos catalanes como el cava. No hace falta que nos vayamos tan lejos, hace tan solo unas semanas salían a la luz imágenes de agricultores franceses destrozando botellas de vino español en la frontera entre ambos países.

 
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