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Sociedad

Víctor Andrés Valdemoro, de capitán de la aviación republicana a vender vino y ganado en La Mancha

Los pilotos republicanos españoles representaron la democratización de la aviación en los años 30. Eran muy jovenes (hombres y mujeres) y tenían orígenes muy populares, incluso humildes. Pudieron acceder a una formación muy compleja que les convirtió en un cuerpo de élite único en el ejército español. Solo la Guerra Civil y la victoria del franquismo le cortó las alas y les cambio las vidas

El viaje de ida | Víctor Andrés Valdemoro, de aviador republicano a tratante de ganado en La Mancha

El viaje de ida | Víctor Andrés Valdemoro, de aviador republicano a tratante de ganado en La Mancha

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Hace unos años conocí al antropólogo social Jorge Moreno Andrés. Me lo presentó la escritora Elvira Lindo. Él acaba de presentar "El duelo revelado", un magnífico ensayo sobre las fotografías de las víctimas del franquismo. Me hablaba con pasión de la memoria histórica, de futuros proyectos y en un momento dado me habló de su abuelo piloto, el aviador republicano Víctor Andrés Valdemoro. La historia se me quedó grabada, había un relato radiofónico detrás que hoy ha culminado en un viaje de ida a dos vidas, porque su abuelo tuvo dos vidas, o tres, la de piloto, la de preso político y la de comerciante de vinos y tratante de ganado.

Víctor Andrés Valdemoro era riojano de Munilla y desde muy joven quiso ser aviador. Las dos alternativas que le ofrecía el padre era el campo o emigrar a Uruguay donde vivía un tío. Terminó en cuatro vientos (Madrid) y El Prat (Barcelona) aprendiendo a pilotar con el evangelio, según San Lucas, en el bolsillo izquierdo y el carnet del partido socialista en el bolsillo derecho. En Barcelona conoce en un cine a Juanita Lupión, su mujer, que le acompañó el resto de su vida allí donde estuviese.

Tras su etapa de aprendizaje, en la que recibe instrucción de vuelo de las dos primeras mujeres pilotos de España Pepa Colomer y Dolors Vives, Víctor Andrés Valdemoro pasa a formar parte de la aviación republicana. Cuanto estalla la guerra ya es brigada y termina en 1939 como Capitán de la 3ª escuadrilla del Grupo 30 de Natachas, unos aviones muy débiles que tuvieron que enfrentarse a las potentes aviaciones alemanas e italianas. Cuanta Jorge Moreno que su abuela juanita asomada a la ventana siempre contaba los aviones cuando salían y luego cuando volvían para constatar si había alguna falta.

Los aviadores republicanos decidieron su entrega o huida al exilio en un pueblo de Albacete cercano al aeródromo, en Casas Ibáñez. Los que se quedan pusieron una sábana blanca en las alas y se entregaron en Barajas esperando un trato acorde a su condición de militares especialistas. Pero no fue así, se les juzgó, condenó y represalió por su apoyo a la II República. Víctor Andrés Valdemoro fue condenado a muerte y encarcelado en Valencia. Luego se le conmutaría la pena por 30 años. Su mujer, Juanita Lupión fue la que le dio la noticia metiéndole con cartón en medio del bocadillo que le llevaba diariamente a la cárcel.

Tras salir de la cárcel no puede volver a su tierra. Es lo que se llamaba exilio interior. Víctor Andrés Valdemoro termina en la Mancha, en Villamayor de Calatrava (Ciudad Real), donde vivía su mejor amigo, Javier Paulino, el que fuese médico de su escuadrilla y que había salido antes de la prisión. El ejercía allí de médico pasante y Víctor y Juanita le ayudaban hasta que encontraron su destino definitivo en Abenójar, un pueblo cercano donde alquilaron un bar.

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Víctor Andrés Valdemoro termina vendiendo vinos y ejerciendo como tratante de ganado. Una vez al año, en la huerta de Javier Paulino, se reunían clandestinamente todos los aviadores supervivientes de la escuadrilla de Natachas. Simulaban fiestas familiares para pasar desapercibidos. Eran años en los que los represaliados tenían que informar de todos sus movimientos al cuartel de la Guardia Civil.

Javier Paulino termina convirtiéndose en un referente político, funda junto a Tierno Galván el Partido Socialista Popular, y termina como senador socialista en democracia. Fue el que lideró las reivindicaciones de los aviadores republicanos para que se les reconociesen sus grados militares y sus pensiones. No fue fácil, pero finalmente Víctor Andrés que fue piloto y luego comerciante, tuvo una jubilación de aviador.

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