RedLab abre el primer laboratorio de autocalificación en Ribera
Cuatro catadores de este laboratorio acreditados por el Consejo Regulador se encargan de analizar las muestras que llegan de las bodegas
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Explicación de una de las catas / Imagen facilitada
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Aranda de Duero
La última normativa aprobada en Ribera del Duero hace que las bodegas tengan que ocuparse de la calificación de sus propios vinos. El Consejo Regulador se convierte en órgano sancionador a través de un panel de catadores, pero las elaboradoras son las responsables de autocontrolar su producto. En vista de este nuevo escenario, la empresa RedLab, con sede en Aranda, ha puesto en marcha un servicio de asistencia para desarrollar el análisis sensorial y físico químico que cuenta con catadores pertenecientes al Nuevo Panel de Acreditación de la Denominación de Origen. Tras la evaluación, una vez gestionadas las fichas de cata de forma anónima, el laboratorio proporciona a la bodega una declaración de aptitud de la partida de vino estudiada.
Procedimiento de cata
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Alicia Vítores, Almudena Sancho, Ángel Luis Margüello y Guillermo Pérez componen el equipo de cata / cadena SER
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Alicia Vítores, Almudena Sancho, Ángel Luis Margüello y Guillermo Pérez componen el equipo de cata / cadena SER
La muestra a su llegada al laboratorio se codifica y precinta. A partir de ahí se realiza el análisis sensorial que consta de tres etapas: fase olfativa, fase gustativa y fase visual. Mientras que las dos primeras se realizan a ciegas en copa negra para la tercera, la visual, se utiliza una copa transparente.
Para ello la sala de catas cuenta con cabinas individuales donde los catadores, Alicia Vítores, Almudena Sancho, Guillermo Pérez y Ángel Luis Margüello realizan los exámenes. Ellos, sin disponer en ningún momento de la referencia del vino a estudiar, son los encargados de realizar el análisis sensorial siguiendo los parámetros marcados oficialmente.
Explica la encargada del laboratorio arandino, Sara Martín de la Helguera, que “este proceso es más importante de lo que parece porque la forma de calificar ha cambiado sustancialmente respecto al procedimiento que se venía realizando”. Y pone como ejemplo la primera sesión que se realizaba el pasado 31 de enero donde se estudiaron muestras de dos rosados, dos robles y dos crianzas. “Uno de los rosados no pasó la autocalificación por exceso de amargor, un Joven no estuvo a la altura en la fase olfativa en cuanto al descriptor de fruta, sin embargo hubiese pasado todos los criterios de aceptación como roble de menos de dos años y, en cambio, uno de los Crianza dio como resultado falta en intensidad media en aromas de la madera de roble aunque sería apto como Roble de más de dos años”, señala la responsable.