Adicción a lo sinsustancia política

Asturias
Sube el número de desempleados en Asturias. Su tejido industrial, cada vez más desgarrado. Movilizaciones a marchas forzadas, para cortar la sangría y detener la ruleta. Las instituciones políticas: empantanadas, por una mala partida de especialistas en cambiar de sitio las fichas para desestabilizar aún más lo ya desestabilizado. Son Profesores doctores, que se saben bien la lección: el movimiento lo es todo, el fin no es nada. Mientras tanto, la izquierda continúa en prisión. ¿“Retozando en el fracaso”, como decía Pablo Iglesias?, ¿entretenida con sus símbolos y sus coplas de la nostalgia? No. Guardando silencio, en un estado de pudor que permitirá que la palabra que surja, sea verdadera y más fuerte que los relatos de la pornopolítica que domina la escena. La izquierda prisionera sabe por experiencia que los explotados, los oprimidos, tienen necesidad de encontrar una palabra firme, un punto fijo, una referencia. Y en el entredós del afuera y el adentro, la izquierda marginada, anda buscando esas palabras.
Según informan médicos, las adicciones actuales ya no son a una “sustancia” material sino a una sinsustancia. Como la política que es una sinsustancia adictiva, forzada a ofrecer sabores nuevos.
La última novedad política, que viene a cubrir un hueco, llenar un vacío (como una Tesis Doctoral) ofrece un cambio de actitud como remedio soberano para subsanar la carencia de aptitudes de los otros. Se presenta como “Más País. Más Asturies” (no más conciencia de clase, faltaría más). Puro pensamiento mágico, pero sin memoria, sin tradición clásica, o sea, sin sustancia.
Y recuerdo aquello que decía Carlos V de Francisco I:”Mi primo y yo estamos completamente de acuerdo: los dos queremos Milán”