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Ponen en marcha un equipo de fútbol de refugiados: "se evaden por unas horas de sus graves problemas"

A Vivir CV asistimos a los entrenamientos del equipo de fútbol que el centro de CEAR en Cullera ha puesto en marcha esta temporada

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València

Que el fútbol mueve millones de euros, que mueve pasiones, que saca lo peor del ser humano en muchas ocasiones, eso es cierto. No hace falta irnos muy lejos en el tiempo, todo lo contrario, esta semana el debate ha sido si un jugador se arma de valor anunciando su homosexualidad o los insultos fascistas y racistas hacia determinados jugadores.

Pero vamos a descubrir otra cara del fútbol: la que sirve para tejer redes, para crear vínculos, para curar el alma en algunas situaciones que ponen al límite al ser humano.

Todo eso lo consiguen unos jugadores muy especiales: son refugiados, viven en el centro que CEAR tiene en Cullera, y esta temporada visten una camiseta y defienden unos colores en el que no es tan importante el resultado, como el camino.

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Pedro es de Perú, y vive en la casa de CEAR en Cullera desde noviembre. Nos cuenta que el equipo está formado por chicos de países muy distintos, con cultura muy dispares pero se entienden en el campo de juego.

Una manera de evadirse

Idiomas y procedencias distintas pero un lenguaje universal en el campo de juego, donde se entienden y donde se conocen. Moussa llegó a Cullera hace sólo cinco meses; está siendo, nos cuenta, muy duro, aunque el futbol le da buenos momentos.

Y todo esto surge de una idea, de un empeño de Paco Jiménez, director del centro de CEAR en Cullera que hace ya 17 años organizaba un encuentro deportivo, básicamente unos partidos de fútbol el Día de las Personas Refugiadas porque es el deporte que une a prácticamente la mayoría de estos chicos que ya juegan en sus países de origen. Tras mucho pedir e insistir, este año la Fundación LaLiga les financia material, desplazamientos... y juegan normalmente los domingos por la mañana, en Massanassa, contra equipos muy distintos.

Habla Paco de traumas; la mochila que llevan estas personas que huyen de guerras, persecuciones, violaciones de los derechos humanos es demasiado pesada; y no sólo se trata de llegar aquí y encontrar trabajo y casa, que también, la salud mental de estos chicos es una prioridad para CEAR y para los entrenadores o trabajadores sociales que están con ellos cada día. Néstor Quintana, técnico de animación sociocultural, y Roberto Orallo, entrenador, nos lo han contado.

En el campo donde entrenan, en el que juegan, se evaden por unas horas de la realidad que viven y lo que les ha traído a España. Mbemba no quiere ni recordar por qué huyo, sí, en cambio, lo que busca.

Quieren mejorar su vida, continuar los estudios que cursaban en su país de origen. En Senegal Moussa estudiaba física y matemáticas.

No importa el resultado

Muchos de ellos están en trámites burocráticos que se extienden en el tiempo para poder residir y trabajar aquí; y cuando encuentran ese ansiado trabajo no han llegado al objetivo, ni mucho menos.

Aun así y a pesar del duro trabajo físico que realizan en ocasiones y de los problemas de salud mental derivados de situaciones extremas encuentran tiempo para acudir haga viento, frío o calor a sus entrenamientos y partidos. Y el resultado es lo de menos. Lo importante es jugar todos.

Crear esas redes, esos vínculos es importante para ellos, pero también para nosotros. Por eso la fase siguiente es que el equipo no sólo esté formado por personas refugiadas, sino por otras personas del pueblo. Para aprender unos de otros, para convivir, en definitiva.

Y otro reto, nos dice Paco, abrir la iniciativa a mujeres porque de momento no juegan; en la mente del director del centro de CEAR en Cullera rondan varias ideas para que ellas también jueguen, si no a fútbol a lo que prefieran. Esperemos en breve poder acudir a sus entrenamientos o partidos.

Jèssica Crespo

Jèssica Crespo

Editora de Hoy por Hoy Valencia y redactora Radio Valencia Cadena SER. Anteriormente directora de de...

 
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