Opinión

¡Amor de madre! ¿Amor de hijo?

La Firma de Guillermo Flores

"¡Amor de madre! ¿Amor de hijo?", la Firma de Guillermo Flores

"¡Amor de madre! ¿Amor de hijo?", la Firma de Guillermo Flores

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Además de un típico tattoo, lo del "Amor de madre" ha quedado claramente demostrado. Para el mundo eres una madre, pero para tu familia eres el mundo.

Lo que no está nada claro es la correspondencia de ese amor y los motivos por los que este no se produce de la misma manera de madres a hijos que de hijos a madres y padres...

Además de encontrarlo todo, las madres lo dan todo por los hijos, se desviven por ellos y sufren y se alegran con ellos en su vida. Dejando a un lado la zapatilla de la madre planeando por nuestras cabezas, ¿qué nos ha llevado a relegar en gran medida a nuestros padres a un segundo plano cuando nos independizamos?

La mayoría diremos que el ajetreado mundo laboral en el que nos movemos (que casualmente ahora tiende a reducir jornadas de trabajo), a veces las distancias (que ahora se reducen con la tecnología y el teletrabajo), a veces nuestras preferencias a la hora de administrar nuestro tiempo libre (mucho Netflix y mucho móvil), el caso es que los padres se quejan de ver menos a los hijos de lo que les gustaría. Y alguno, como demuestran las cifras que se publican habitualmente, caen en la soledad más absoluta, especialmente cuando pierden a su pareja.

Cada poco conocemos episodios tristes de estos casos. Esta semana un hombre de 72 años fue encontrado en su casa en el suelo, enfermo, deshidratado y con síndrome de Diógenes. Otras veces es peor y se encuentran personas mayores muertas hace días.

A veces están rodeados de gente y se sienten solos y otras viviendo solos se sienten queridos. Todo depende de su estado físico, de sus rutinas y sobre todo de su relación con familia y amigos, si es que les quedan. Y esto tiene pinta de ir “in crescendo” porque cada vez las parejas son menos estables y se tienen uno o ningún hijo.

Existen ONGS que colaboran es esta asistencia y compañía, pero no es suficiente. Muchos hemos pensado que la sociedad debería hacer algo mas por todas estas personas como por ejemplo, que los que perciben prestaciones y ayudas tuvieran la obligación, si no están impedidos, de hacer alguna de estas tareas humanitarias. Algo que está ocurriendo es la creación de comunidades en donde viven personas solas que comparten servicios, aunque esto, como acabar en una buena residencia o contratar una persona que nos cuide, no es barato.

Y luego está el caso contrario, el caso de familias como la Gutiérrez Gullón. Cada día me encuentro por la calle, incluso esta mañana fría o en el bar, a Toñi con alguno de sus hijos, paseando y tomando el vermut o comiendo con alguna amiga de su edad. Siempre con alguna de sus hijas, una o dos, o tres, son hasta 8, suerte de las familias numerosas de antaño, que se turnan para que su madre siempre este acompañada. Siempre con una sonrisa y con talante optimista, le gusta la ciudad, no le molesta el ruido, le gusta la gente, que se muevan los negocios, es agradecida con todo, algo poco corriente en la gente mayor que se muestra molesta con la actividad bulliciosa de la ciudad, se la ve feliz. Pocos son los que tienen esta suerte o viven con sus hijos cuando quedan solos. Así da gusto. Así me gustaría a mí… y si no, siempre nos quedará un lindo gatito.

 
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