Opinión

¡Ay, soledad de soledades!

La Firma de Elisa Docio

¡Ay, soledad de soledades!

¡Ay, soledad de soledades!

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Hace unos días leíamos en la prensa palentina que 14 de cada 100 habitantes de la capital viven solos, y que la cifra casi se ha duplicado durante los últimos veinte años. Además, decía el estudio, que más del doble de mujeres que de hombres mayores de 65 años habitan sus respectivas viviendas en solitario.

Ahora bien, no es lo mismo vivir solos que sentirse solos, ser el único habitante de una vivienda no tiene por qué ser negativo a efectos mentales y emocionales porque la soledad es un sentimiento. Hay personas que viven solas porque les satisface no estar pendientes de nadie y que nadie les condicione el orden o desorden de su vida, sus ruidos o sus silencios o sus aficiones, en fin su tranquilidad sin tener que rendir cuentas ni ojos mirones. En el lado opuesto hay otras muchas que viven acompañadas, o en pareja, o compartiendo hábitat y se sienten muy solas, porque la compañía física bajo el mismo techo puede ser una suerte o un castigo. Lo mismo puede ocurrir con quien tiene muchos amigos y una vida social extensa y nutrida que no sea nutritiva. Hay quien a la pregunta de ¿casada o sola?, recibe la respuesta, las dos cosas.

Robert Waldinger, profesor de Psiquiatría en Harvard, dirige en la actualidad el estudio más largo y extenso que se ha hecho en la historia sobre la felicidad. A lo largo de 75 años se ha seguido la vida de 724 hombres, continuado incluso con los hijos de los fallecidos. La conclusión es que las buenas relaciones fomentan salud física y la longevidad. Quien a los 50 años disfrute de una relación satisfactoria, sea de pareja, de amistades o de familia, a los 80 tendrá mucha mejor salud física y mental. El estudio es largo e interesante, se puede ver en YouTube. Dice que, como mínimo, es fundamental tener al menos dos personas a quien se pueda llamar en mitad de la noche dispuestas a respondernos. Porque las relaciones nos alejan del estrés crónico que produce la inflamación. Programas como “No estás solo” o “Ilumina tu vida” fueron creados durante la pandemia para atender llamadas telefónicas de personas solas que se sientan solas. Tener a quien contar los contratiempos de nuestra vida y desahogarse sacando el malestar interno es fundamental para la buena salud global.

 
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