Opinión

No querías más amor que el del Río de la Plata (Sabina)

La Firma de Javier Gómez Caloca

No querías más amor que el del Río de la Plata (Sabina)

No querías más amor que el del Río de la Plata (Sabina)

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Un año después hemos regresado a Argentina, desde donde hoy les doy los buenos días. Para otro casamiento, el de Gianinna y Leo, el otro bisnieto de nuestro tío abuelo Benito, el emigrante. Esta vez ha sido en la Patagonia, en Neuquén y, desde allí, hemos hecho una ruta de nueve días por San Martín de los Andes, los Siete Lagos hasta Bariloche, el precioso lago Nahuel Huapí, terminando en Calafate con la visita al glaciar Perito Moreno y la navegación del Lago Argentino.

Además de los Gómez de Argentina, José María y Cala, los de España y la familia que tenemos en Asturias, nos han vuelto a acompañar nuestros amigos Ana y Enrique; aunque acá le llamen el gallego, es argentino de nacimiento, pero asturiano de vocación; a su padre le echó de España una postguerra que seguía ajustando las cuentas de la Guerra Civil. Ahora, en una muestra más de que la emigración es cíclica, sus dos hijos han venido a España, dejando atrás una Argentina que parece tener vocación de fracaso.

Hemos hecho dos nuevos amigos, Cristina, la reina del mate, y Roque, un gran conversador; nos queda pendiente un asadito en Parque Chacabuco.

Ayer, de vuelta a la capital, tras navegar el Delta del Río Paraná, desde el Tigre, transitamos, una vez rendida la obligada visita a la Boca y a Caminito, por el Barrio de San Telmo, por donde mi tío abuelo Benito y su esposa Manuela anduvieron en las primeras décadas del XX.

En el solar del 1.040 de la calle Defensa, entre la placita Dorrego y el Mercado de San Telmo, hoy ocupado por un aparcamiento, hubo un conventillo en el que nació en 1911 tío Gonzalo. La Iglesia de San Pedro Telmo donde le bautizaron y, más allá, ya en el Barrio del Once, junto al Mercado Spinetto, la

fachada del Colegio Esteban de Luca, contra la que uno de Piedrasluengas le adelantó al director que a los Gómez no nos gusta la pegagogía de las tortas a los niños. La explicación, levantándole en gloris, como diría mi padre, visto el resultado, debió de ser convincente.

Ayer volvimos a la Catedral donde reposa el General San Martín, palentino de padre, a la Casa Rosada, al Café Tortoni, donde ya no muestran la foto del emérito, y a la Plaza de Mayo. Esta noche asadito en Villa Ballester, mañana cerraremos con otro en la casa familiar…los agujeros del cinto se van corriendo hacia la izquierda.

Para Semana Santa llegará Mateo, la quinta generación de los Gómez de Piedrasluengas, el futuro hijo de Lali y Martín. Algo es seguro, será de Huracán o de River, pero jamás de Boca…por la cuenta que le tiene.

Termino con otra estrofa de la canción Con la frente marchita: Buenos Aires es como contabas, me fui a pasear y al llegar a la Plaza de Mayo, me dio por llorar. Enorme rabia por ver cómo el latrocinio peronista de la saga K, el sindicalismo mafioso y corrupto de la CGT peronista, de sus caciques gremiales, cómo la renovación que proponía el movimiento piquetero se convirtió en gestión, con mordidas, de los programas sociales, cómo la inexistencia de una izquierda transformadora ha llevado, en un ejercicio de desesperación, a que hasta nietos de los torturados en Campo de Mayo, en la Escuela Mecánica de la Armada o de los que reposan en el fondo del Rio de la Plata hayan votado a un tipo que, igual que el Almirante Massera, describe una exterminación sistemática y masiva como leves excesos.

Salud y suerte a los argentinos, la van a necesitar, la motosierra no corta, desgarra, sobre todo a la ingenua mayoría a la que no le alcanza para un pantalón anticorte. Buena semana.

 
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