El consumo de ansiolíticos se dispara en Lanzarote
La isla ha pasado de registrar un 9,9 por ciento de consumidores antes de la pandemia a un 73,2 por ciento tras la misma
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Lexatín, Diazepam, Lorazepam y Orfidal son algunos de los ansiolíticos más recetados en atención primaria / Cadena SER
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Arrecife
Nueva Canarias Lanzarote desea expresar su preocupación por los recientes datos publicados por el Sociobarómetro de Canarias que, en un bloque monográfico sobre la salud mental y consumo de medicamentos, reflejan una realidad que debe ser atendida con urgencia.
Según el estudio demoscópico realizado por la UNED y financiado por la Vicepresidencia del Gobierno de Canarias, el 48,5% de los/as lanzaroteñas dicen sentirse “triste o deprimidos” desde el principio de la pandemia hasta ahora; el 45,1% “solo o aislado”; y el 40,5% expresan “ansiedad o miedo”. Esto genera que el 31,9% califiquen su estado de ánimo de “regular”, y el 6,8% de “malo o muy malo”.
Para Daisy Villalba, Secretaria Nacional de Sanidad de NC, que ejerce como trabajadora social en Lanzarote, “lo que viene a evidenciar el Sociobarómetro es una realidad que venimos viendo las/os trabajadores sociales desde el inicio de la pandemia, una sociedad cansada, estresada y con síntomas de agotamiento mental y físico”.
Según Villalba, “tras la pandemia es patente y preocupante el problema de salud mental entre la población canaria, cada vez más severo en nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes donde nos estamos encontrando porcentajes elevados de trastornos alimentarios, de ansiedad e intentos e ideas autolíticas”.
El Sociobarómetro refleja una tendencia al alza en el consumo de medicamentos. Así, el 17,1% de los/as lanzaroteñas dicen haber estado consumiendo este tipo de tratamientos antes de la pandemia; cifra que se eleva al 25,6% que expresan haber empezado al inicio de la pandemia hasta ahora, con un 56,9% que reconocen seguir consumiéndolos.
Los canaristas ponen el foco de atención en el elevado aumento de los ansiolíticos, que pasan de consumirlos un 9,9% antes de la pandemia al 73,2% una vez se da por finalizada la misma. Los antidepresivos, del 11,5% al 20,3%; o los calmantes/antipsicóticos del 1% al 66,7%. Por su parte, los reguladores del sueño pasan de un consumo del 72,1% de la población antes de la pandemia, al 12,9%. Y los analgésicos, que del 48,4% pasan al 0%.
Situación crítica entre los jóvenes
Daisy Villalba dice sentirse “preocupada” porque la situación expuesta se agrava entre la población juvenil. El Socibarómetro señala que en Canarias el 34% de los jóvenes entre 18 y 29 años consume algún tipo de psicofármacos por motivos emocionales desde que se inició la pandemia, y que el 66,9% siguen haciendo uso de los mismos.
NC apunta que los centros escolares de Lanzarote encuentran numerosas dificultades para abordar la salud mental de los alumnos y alumnas. Estos centros educativos sólo poseen dos equipos de orientación, una unidad de acompañamiento y orientación temporal de reciente creación, con una trabajadora social, tres integradores sociales y un proyecto temporal con cinco educadores sociales.
Por otro lado, los canaristas señalan a un sistema sanitario deficitario en materia de salud mental con únicamente una unidad de salud mental infanto-juvenil para atención ambulatoria en Lanzarote, la cual debe atender además de las ya mencionadas afectaciones mentales, los trastornos del desarrollo, los trastornos mentales graves, los trastornos depresivos, etc.
A esto se le añade, según Villalba, “que Lanzarote carece de unidad de internamiento infanto-juvenil para los problemas de salud mental grave, siendo estos ingresados en la unidad de pediatría que no reúne las condiciones técnicas, de infraestructura, terapéuticas y de cuidados que se necesitan para una mejor recuperación”.
Medidas inmediatas
Desde Nueva Canarias consideran prioritario dotar a los centros escolares con al menos un equipo interdisciplinar en cada grupo de orientación, añadiendo a trabajadores y educadores sociales y psicólogos de forma estable, que puedan trabajar de forma integral con cada uno de los casos y además puedan dotar a los equipos educativos de las herramientas y protocolos necesarios para saber intervenir en las diferentes situaciones extremas de intentos autolíticos, trastornos de conducta, trastornos alimentarios, etc.
Por otro lado, Villalba considera que es fundamental la creación de la unidad de internamiento breve infanto-juvenil donde las/os niños y adolescentes puedan ser ingresados hasta su estabilización, así como un hospital de día infanto-juvenil para continuar el tratamiento terapéutico con el fin de evitar lo que a día de hoy ocurre, la imposibilidad de que sean aceptados en el Hospital de referencia Materno Infantil de Gran Canaria. Esto conlleva a que los menores se vean abocados a la cronificación de su salud mental, con repercusiones lamentables para ellos y sus familias.
“La isla de Lanzarote ha crecido en población durante los últimos años y, por tanto, sus problemáticas aumentan y se diversifican. Esto requiere de dotación y reorientación de los recursos específicos que ofrezcan tratamientos, terapias y cuidados a los residentes”, argumenta Villalba.
Otras propuestas
A lo largo del presente año los canaristas han ido proponiendo a los responsables sanitarios y políticos de la isla diferentes medidas para gestionar los problemas de salud mental entre la población lanzaroteña.
Han propuesto dotar al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa con una subunidad especializada en salud mental con presencia física de psiquiatría 24 horas, que el gerente del Hospital Universitario Dr. Molina Orosa tachó de “electoralista y populista”.
También la incorporación por parte del Servicio Canario de la Salud de la figura del psicólogo dentro del equipo multidisciplinar de todos y cada uno de los principales centros de referencia, y en cada una de las Zonas Básicas de Salud que comprende el Área de Salud de Lanzarote.
Por último, reforzar la colaboración entre administraciones públicas y el tercer sector con el fin de trabajar conjuntamente en la prevención, detección y tratamiento de casos de trastornos mentales, soledad no deseada, acompañamiento, refugios mentales o de respiro, o mejorar el acceso a las/os psicólogos.
“No se trata de poner más dinero, sino de reorientar y acercar los servicios a la demanda. Estamos llegando tarde y las consecuencias para la comunidad en su conjunto serán muy graves”, sentencia Villalba.