Nada que celebrar
Una jornada, la del 1 de octubre de 2017, para borrar de cualquier calendario democrático
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Vivimos hoy un aniversario del que nada hay que celebrar, por más que alguien se empeñe. A la convocatoria inaudita de un referéndum ilegal siguió aquella actuación incomprensible de unas fuerzas de seguridad mal dirigidas desde el ámbito político y peor organizadas por sus mandos profesionales. Desastre tras desastre, una jornada, la del 1 de octubre de 2017, para borrar de cualquier calendario democrático. Hay quien dice que no ha pasado nada en este año. Hay que estar ciego, sordo y mudo para defender tal cosa, la verdad. Presos, huidos, presidente, vicepresidenta de un Gobierno, y un partido, expulsados a la basura por la ciudadanía. Llegó otro Gobierno a Moncloa, titubeante y con muchos problemas, claro, pero que ha abierto vías de entendimiento. Han pasado muchas cosas, no se engañen. Conviene, además, que pensemos un poco en qué motivó la desafección ciudadana hacia el Partido Popular. La corrupción y el caso Gürtel, sin duda, pero también la inacción, terrible, patética, de un Gobierno que nunca supo qué hacer con Cataluña y cómo enfrentarse a los desafíos de los independentistas. El hartazgo con su inutilidad fue manifiesto, y los 4 diputados que sacó el PP en las elecciones catalanas de diciembre lo decían a las claras. No les queremos, no nos sirven de nada, clamaban esos resultados. Hoy, un año después, estamos obligados a revivir, espantados, aquella catástrofe.