Hechos consumados
Ante la dimensión de la crisis de los refugiados, la libre circulación de personas está en peligro y con ella la credibilidad de la Comisión Juncker, que cumple ahora un año, y la construcción europea.
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Madrid
La imagen es aún más ridícula que las cifras. Una pléyade de consejeros, funcionarios y políticos rodean a un grupo de refugiados en la pista de un aeropuerto a escasos metros de un avión que debe llevarles al centro de Europa. Nadie piensa que sea la solución a la crisis, pero todos se congratulan por lo que entienden como un primer paso. ¿Hacia dónde?, cabe preguntarse.
La urgencia humanitaria de este verano ha quedado sepultada en los informativos por la saturación de las imágenes y las cifras. A la muerte de Aylan en las costas turcas ha sucedido otro centenar de menores en similares circunstancias. En la Alemania generosa se impone el endurecer las medidas de acogida y el resto de países va aprovechar el ejemplo en la reunión de ministros de interior de la Unión Europea. De hecho, se imponen los hechos consumados. Muchos de los países del centro y este de Europa mantienen suspendido Schengen desde mediados de septiembre y Francia ha aprovechado la Cumbre del Clima para hacer lo propio durante un mes.
La libre circulación de personas, está en peligro y con ella la credibilidad de la Comisión Juncker, que cumple ahora un año, y la construcción europea.