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Ocio y cultura

¿Sabías que el primer influencer de Madrid fue un perro?

El perro Paco, un chucho callejero y bohemio de finales del siglo XIX, ya tiene su estatua en el barrio de las letras de Madrid. Obra del artista Rodrigo Romero

El viaje de ida | Del perro Paco al perro de Picasso

El viaje de ida | Del perro Paco al perro de Picasso

16:30

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Madrid

Hubo un día de la década de los noventa del XIX en el que Madrid lloró a un perro, al perro Paco. Era el chucho del Cafe Fornos, del Suizo, del Teatro Apolo, del hipódromo, de la vieja plaza de Toros de Goya, que se asentaba donde hoy está el Palacio de los Deportes. Nos cuenta Santiago Gómez Zorrilla, editor de la web cultural elperropaco.es, que lo bautizó la noche del 4 de octubre de 1979, D. Gonzalo de Saavedra y Cuetos, el Marqués de Bogaraya, que luego sería alcalde de Madrid. Y le llamó Paco por el santo del día, San Francisco de Asís. Siempre andaba entre gente de letras y periodistas que le daban vía libre en todos los locales. Conocía a los Machado, a Valle Inclán, Baroja o Azorín. Aparece como personaje en una obra de José María de Pereda que curiosamente se titulaba "Pedro Sánchez" y también en los cuentos morales de Leopoldo Alas Clarín.

El dicho más popular en el Madrid decimonónico fue "eres más listo que el perro Paco", por la facilidad del can para conseguir todo lo que quería y opinar de todas las actividades a las que acudía. Un ladrido suyo o una cabriola servía como recomendación de una obra o faena y un ladrido como desaprobación. Le cuidaba todo el mundo. Los camareros, los clientes, el público o las cigarreras se preocupan que no le faltara de nada. Eso sí, su espíritu era libre, nunca se dejó adoptar. Pudo dormir caliente junto a chimeneas en las mejores casas de Madrid, pero él siempre prefirió las cocheras del metro de Fuencarral.

Su zona de influencia del Perro Paco, porque fue el primer influencer de la cultura española, fue la almendra central madrileña, entre Alcalá, Gran Vía y Sol. Solo se alejaba para ir a los toros donde tenía asiento libre en el tendido del 9. Y ese fanatismo taurino le costó la vida. Un día que toreaba el mal encarado novillero 'Pepe el de los Galápagos', Paco saltó al ruedo para afearle su mala faena y el diestro reaccionó clavándole el estoque entre sus costillas. Cuentas las crónicas, que hubo muchas sobre la muerte del perro Paco, que el torero no salió precisamente a hombros, más bien tuvo que correr para no ser linchado por el público que tenía y sentía un gran respeto por el chucho más culto de la historia de Madrid.

Tuvo su cortejo fúnebre encabezado por un sacristán, un curo y las cigarreras de Cuatro Caminos que querían con locura al perro Paco. Hubo esquelas en la prensa y hasta se le compuso una marcha fúnebre. Incluso se publicaron unas memorias que, según la leyenda, fueron escritas de su puño y letra por el rey Alfonso XII ¿Verdad? No está confirmado, pero que el perro comió de la mano del monarca, seguro.

Otra historia muy diferente es la de Lump, el perro de Picasso. Nos cuenta el periodista, experto en arte, Pablo Ortiz de Zárate (de laleocadia.es) que la historia entre el pintor malagueño y su teckel salchicha fue un flechazo a primera vista. Los presentó el fotógrafo David Douglas Dunca, su primer dueño. Él tenía también un galgo que se llevaba a matar con el salchicha y pensó que sería una buena compañía para Pablo en su casa de la Costa Azul. Tal fue el amor entre ambos que el único ser vivo con patas que entraba a su estudio era Lump. Se lo permitía todo, tanto, que un día se comió uno de sus cuadros, no de gran valor, pero nadie puede presumir de haber engullido un Picasso. También lo pintó, en un plato que es donde comía, y en la versión que hizo de las Meninas, que se puede ver en el museo del pintor en Barcelona. En vez de pintarse él, como hizo Velázquez, pinto a su perro.

Otros perros famosos que hemos viajado hoy han sido el perro Moro de Fernán Núñez, que iba a todos los funerales de su pueblo, como refleja el historiador Francisco Manuel Espejo en el cuento "Moro, el perro de los entierros". También recorrimos la vida teatro de Laika, la perrita astronauta rusa, en su versión teatral de Xirriquetuela Teatre. Y por último los míticos Bobby de Edimburgo, Hachiko de Tokio y el Puppy de Bilbao.

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