Ciencia y tecnología

Un estudio resuelve uno de los mayores enigmas sobre la evolución de la vida en la Tierra: este fue el primer animal con esqueleto

"Es una pieza clave del rompecabezas evolutivo"

El estudio apunta a la Gangtoucunia aspera. / Proceedings B

Madrid

La vida en la Tierra ha cambiado considerablemente desde que se formara hace algo más de 4.540 millones de años. Nuestro planeta ha pasado de estar dominado por aquellas primeras bacterias y arqueas a ser conducido por una raza humana que se siente por encima del resto de la flora y la fauna que continúa creciendo al ritmo que lo hacemos nosotros. Sin embargo, para que el ser humano llegara hasta el punto actual, tuvieron que pasar un sinfín de situaciones que permitieran convertirnos en lo que hoy somos. ¿Cómo hemos pasado de ser un cúmulo de bacterias a convertirnos en organismos tan complejos?

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Hace apenas unos días, un grupo de investigadores ha resuelto uno de los mayores enigmas sobre la evolución de la vida en la Tierra al dar con el primer animal con esqueleto. Así lo ha dado a conocer a través de la revista de divulgación científica Proceedings of the Royal Society B donde ha revelado, después de analizar hasta cuatro especímenes de Gangtoucunia aspera, que esta especie de esponjas marinas de 500 millones de años de antigüedad fueron los primeros animales que desarrollaron los primeros esqueletos duros.

El primer animal con esqueleto duro

Después de analizar estos fósiles, con tejidos blandos aún intactos entre los que podemos encontrar el intestino y las piezas bucales de los distintos especímenes, los científicos al frente de esta investigación han reconocido haber encontrado información muy relevante respeto a los mismos. ¿Y cómo se han podido conservar tan bien después de todo este tiempo? Porque fueron descubiertos en un área de China donde la falta de oxígeno ha permitido que los tejidos blancos escapen a las bacterias hambrientas hasta nuestros días.

Los fósiles demuestran que este animal contaba con su propio esqueleto. / Proceedings B

Después de trasladarnos a un evento conocido como la Explosión Cámbrica, que tuvo lugar hace alrededor de 550-520 millones de años, los investigadores han dado a conocer que estas esponjas marinas de forma tubular de 514 millones de años de antigüedad estaban estructuradas por hilos duros y mineralizados que se asemejan a los esqueletos modernos. A pesar de que inicialmente pensaban que este género extinto era un pariente de los gusanos anélidos vivos, entre los que podemos encontrar las lombrices de tierra, los investigadores llegaron a la conclusión de que no podía ser así por el curioso esqueleto que descubrirían más adelante y otros detalles de su organismo como el intestino.

"Es una pieza clave del rompecabezas evolutivo"

A pesar de que sus parientes más cercanos desarrollaron habilidades de natación libre, como pueden ser las medudas, algunas especies de hidrozoos siguen siendo pólipos como un día fueron los diferentes ejemplares de Gantoucunia. De esta manera, el estudio sitúa a la Gangtoucunia aspera mucho más cerca de pólipos cnidarios como pueden ser las medusas, las anémonas de mar y los corales. Esto explicaría entre otras cosas las bocas en forma de tubo de estos organismos que estaban rodeadas por tentáculos retráctiles de aproximadamente cinco milímetros de largo con el que capturaban a sus presas.

Después de analizar la composición de estos fósiles, los investigadores aseguran que las criaturas estaban moldeadas por un mineral duro conocido como fosfato de calcio. Un mineral que también se encuentra en los huesos humanos, convirtiendo así a este animal en el primero encontrado hasta la fecha con esqueleto. Tal y como explica el paleobiólogo de la Universidad de Oxford Luke Parry, se trata de un descubrimiento único que permitirá saber más acerca de las primeras especies que dominaron el planeta Tierra: "Estos misterios tubos a menudo se encuentran en grupos de cientos de individuos, pero hasta ahora se los consideraba fósiles 'problemáticos' porque no teníamos forma de clasificarlos". De esta manera, Parry asegura que este descubrimiento consigue resolver uno de los mayores enigmas sobre la evolución de la vida en la Tierra: "Gracias a estos nuevos especímenes extraordinarios, una pieza clave del rompecabezas evolutivo se ha colocado firmemente en su lugar".

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