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"Con 4 años vi cómo los paramilitares jugaban al fútbol con la cabeza de mi tío": la historia del barrio colombiano que sobrevivió a la violencia

‘Orión’ es la operación militar en un entorno urbano más grande de la historia de Colombia. Más de 1.500 militares y policías, acompañados por tanquetas militares y helicópteros de asalto, y con la colaboración de grupos paramilitares, se desplegaron en uno de los barrios más conflictivos de Medellín. En sólo tres días hubo cerca de 90 muertos, en torno a 100 desaparecidos y se realizaron unas 400 detenciones arbitrarias. Veinte años después, los jóvenes de la Comuna 13 tratan de dejar atrás ese pasado de violencia.

Reportaje EP44  | "Con 4 años vi cómo los paramilitares jugaban al fútbol con la cabeza de mi tío"

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Medellín, Colombia

En los años 90 Medellín se convirtió en la ciudad más violenta del mundo, con una tasa de 382 asesinatos por cada cien mil habitantes. La Comuna 13, un barrio creado mayoritariamente por campesinos que llegaban a la ciudad huyendo del conflicto guerrillero del campo, se convirtió en uno de los barrios más complicados. Con el objetivo de eliminar de esa zona a la guerrilla, principalmente a las FARC, el gobierno colombiano lanzó en octubre de 2002 la Operación Orión. Las fuerzas de seguridad contaron con el imprescindible apoyo de grupos paramilitares que a partir de ese momento se quedaron con el control de la zona y de gran parte de la ciudad. La violencia no desapareció, simplemente cambió de nombre. Pese a todo, el presidente Uribe consideró aquello como un ejemplo de lo que había que hacer para pacificar toda Colombia. El recuerdo de Orión sigue aún muy presente entre los vecinos.

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“Mi tío fue una de las primeras víctimas”, recuerda Daisy Flores, que entonces tenía sólo 4 años. “Salió de la casa para abrir una canilla [grifo] pero los paramilitares le echaron el lazo y aunque les enseñamos su cédula para que vieran que no eran guerrillero dijeron que no les importaba. Delante de todos le cortaron la cabeza con una motosierra”. Su primo, de 9 años, se pasó 3 horas persiguiendo a los paramilitares mientras “jugaban al fútbol con la cabeza de su padre, antes de colgarla en el colegio. No se me puede olvidar”. Con aquel recuerdo siempre presente Daisy se preguntaba qué alternativas podría ofrecer para que los niños del barrio nunca volvieran a pasar por lo que pasó ella. Encontró respuesta en el circo.

Daisy Flores, una de las fundadoras de Arte 13, en la Comuna 13 de Medellín

Daisy Flores, una de las fundadoras de Arte 13, en la Comuna 13 de Medellín / Rafa Panadero Carlavilla

“La idea nos vino tras un curso de zancos que nos dieron en el colegio”, nos explica. “Cuando los grupos armados nos dicen que no podemos habitar las calles, nosotros salimos con zancos para decirles es que la calle es nuestra, que no nos la vuelven a quitar; es nuestra manera de resistir”. Tras los zancos, el grupo Arte 13 se lanzó a organizar talleres de de malabares, diábolos o técnicas de payaso. “Como dice uno de los fundadores”, concluye Flores, “la nariz de clown me ha salvado la vida”.

Julia de Alexa Cortés, o Yula como la conocen aquí, también era una niña durante la operación Orión. Esos días vio morir a una amiga que vendía flores en la calle: “Alexa, muy humilde, no me olvido. Iba vestida de blanco, el uniforme del cole. Cayó cuando entró el helicóptero”. Yula consiguió estudiar psicología con una beca y hoy tiene una consulta en la Asociación de Mujeres de la Independencia (AMI) de la 13. “Es muy bacano aportarle un poco al territorio para no dejarlo tan roto, y acompañarles, aportar cosas”.

Yula Cortés, con uniforme azul, junto la Socorro Mosquera, figura clave en el movimiento social del barrio, y un grupo de chicas a las puertas del centro que dirige en la Comuna 13 / Rafa Panadero Carlavilla

La mayoría de casos que pasan por su consulta tienen que ver con depresiones y con duelos no elaborados por víctimas del conflicto: “no se puede hacer duelo sin objeto, lo único que podía curar el duelo de las mujeres de la 12 es la verdad”. Según los testimonios de algunos de los paramilitares que participaron en Orión, muchos de los desaparecidos aquellos días fueron arrojados a una escombrera que hay frente a la Comuna 13. Los familiares llevan 20 años pidiendo que se les localice, y aunque en 2015 se hicieron algunas excavaciones, no hubo resultados. Recientemente el alcalde Daniel Quintero, que está en el cargo desde 2020, confirmaba vía twitter que se retomaban los trabajos de búsqueda: "Hoy es un día histórico para la construcción de la Paz Total en Colombia. Comienza nuevamente la búsqueda personas víctimas de desapariciones forzadas en la Escombrera, Comuna 13. El país está cambiando".

Tanto Yula como Daisy comparten ese sentimiento de que esto sigue siendo un asunto pendiente para el Estado. “Se han logrados cosas, pero hay una deuda muy grande del Estado con las víctimas”, dice la primera. “El Estado debe ocuparse de esto que la propia comunidad ha sostenido tanto tiempo, y ya no va a aguantar más. Vengan y ocúpense, porque es su responsabilidad y llegan tarde, ciegos y sordos”, exige la segunda.

Ambas ven con buenos ojos la iniciativa de la actual alcaldía, que ha creado la Secretaría por la No Violencia. “Entre otras cosas queremos darles una primera oportunidad a los jóvenes, que nos plantean que reaccionan con violencia porque es lo único que han visto y vivido”, nos explica su director Luis Giraldo. “Acá hay un montón de heridas que no se han cerrado, y si permitimos que se vuelvan a abrir como pasó en Orión en 2002, la ciudad no estará avanzando en ningún sentido”.

Luis Giraldo sentado en las escaleras de entrada a la Ciudadela de la Cuarta Revolución y la Transformación del Aprendizaje, iniciativa de la Alcaldía de Medellín en la Comuna 13 / Rafa Panadero Carlavilla

Pese a iniciativas como el taller de circo de Daisy o el centro de atención psicológica de Yula, y al boom turístico que la Comuna vive gracias a los graffitis que los artistas del barrio han pintado en torno a las escaleras mecánicas instaladas hace una década por la Alcaldía para sacar del aislamiento al barrio, la realidad de la Comuna 13 sigue siendo complicada y nadie lo niega.

El turismo masivo está teniendo otros efectos no deseados (“hemos atendido casos de explotación sexual de niños y adolescentes, por el turismo”, afirma Yula); hay zonas a las que todos los cambios que están en marcha aún no llegan (“todo en la comuna se ha concentrado en torno a la zona de las escaleras, pero en otras partes, que también son Comuna 13, no hay nada”, explica Luis Giraldo); y los combos siguen imponiendo sus normas (“la niña de un negocio aquí al lado me cuenta que es muy duro porque cada ocho días tiene que pagar a tres bandas de delincuentes diferentes”, comenta un conductor de la ciudad al que aún le da cierto reparo conducir por estas calles).

Heidi Tobón, responsable del proyecto de talleres de baile en la Comuna 13 / Rafa Panadero Carlavilla

Sin embargo, al contrario de lo que podía pasar hace sólo unos años, entre los jóvenes de la Comuna 13 ahora hay un sentimiento de orgullo porque, sobre todo gracias a ellos, las cosas ya están mejorando. “Antes el pensamiento de los chicos era ‘nací en la 13, me muero en la 13’; y no, ahora es ‘nací en la 13, me construyo en la 13 y veo qué puedo evocar dentro y fuera de ella’”, nos dice Heidi Tobón, responsable de un proyecto de enseñanza de baile. “Nosotros damos esperanzas y oportunidades, nosotros somos ese punto de partida para que los chicos piensen a qué se quieren atrever”.

El proceso de cambio no ha terminado, eso también lo tienen claro los propios vecinos, y como dice la joven que no olvida el sonido de motosierra que escuchó siendo niña, ésa que ahora combate la violencia con una nariz de payaso: “Mientras la comuna siga teniendo entradas y salidas de narcotráfico va a seguir teniendo muchos problemas, no va a ser fácil acabar el conflicto armado porque se trata también de un negocio; pero ya hemos arrancado el tránsito hacia una No Violencia, hacia una paz grande donde la violencia directa no será la manera”.

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