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Sociedad

Monederos virtuales contra las colas del hambre, cuestión de dignidad

Cada año en España se tiran a la basura casi 8 millones de toneladas de alimentos, lo equivale a que cada persona desperdicie 30 kilos de comida en buen estado. La colaboración entre “Encantado De Comerte”, una startup creada para combatir esa situación, y “A+Familias” una entidad sin ánimo de lucro fundada durante la pandemia para apoyar a familias vulnerables, ha creado un nuevo modelo asistencial que pone la dignidad en primer plano.

Monederos virtuales contra las colas del hambre

Monederos virtuales contra las colas del hambre

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Madrid

Más allá de las consecuencias económicas o medioambientales, las alarmantes cifras del desperdicio alimentario tienen también una componente social cada vez más preocupante en una sociedad en la que el número de familias en pobreza, o al borde de la pobreza, no deja de crecer, especialmente desde la pandemia.

Marzo de 2020. España se paraliza. El Covid nos encierra en casa y manda a la pobreza a familias que hasta ese momento vivían al límite. Javier Dias se hace una pregunta: “¿Cómo podemos atender a esas familias, cómo conseguir recursos alimentarios para que puedan afrontar la nueva situación?”.

La respuesta se concreta en A+Familias, la entidad sin ánimo de lucro que pone en marcha junto a un grupo de amigos y colaboradores que, como él, ya tenían experiencia previa en el tercer sector. No querían quedarse en la fórmula más habitual del reparto de comida: “No queríamos ser tan asistencialistas, caer en el modelo de dar lo que viene en una bolsa y que hay que aceptar sí o sí, sin tener en cuenta, por ejemplo, posibles intolerancias o que el receptor no coma algo en concreto”, comenta Dias. Querían un sistema innovador que sacara partido de las nuevas tecnologías; y ahí es donde aparece “Encantado de Comerte”.

Gabriel Ramas, uno de los fundadores de Encantado de Comerte, en el centro de emprendimiento La Nave, sede de su empresa. / Rafael Panadero

“La tecnología no debe servir sólo para que empresas como Google o Facebook se hagan super poderosas, tiene que servir también para ayudar a la gente y contribuir a conservar el medio ambiente”, reflexiona Gabriel Ramas, uno de los fundadores de esta startup, nacida para combatir el desperdicio alimentario. Su aplicación móvil permite la recogida en tienda de alimentos en buen estado de conversación, que no han sido vendidos, antes de que sean desechados. El vendedor evita tirar su producto, y el comprador lo obtiene a un precio ventajoso. A partir de ese modelo, Ramas también se hizo una pregunta: “¿Cómo es posible que en una misma calle haya comercios que se ven forzados a tirar alimentos que no han podido vender y no pueden almacenar, y personas que necesitan esos alimentos pero no pueden acceder a ellos?”.

La respuesta llega en forma de monederos virtuales, unas “tarjetas asistenciales” que encajan con el proyecto que tenían en mente en A+Familias. El modelo cambia por completo. “Tú estás detrás de mi en la cola de la tienda, y yo no sé nada de tu realidad, vas a pagar igual que todo el mundo, y vas a elegir la comida que quieras” comenta Irene Castillo, trabajadora social en la entidad.

El hecho de que en Encantado De Comerte trabajen sobre todo con comercios de barrio está generando también otras dinámicas que pone en valor Castillo: “Pasan cosas maravillosas, los vecinos del barrio se cuidan mucho entre ellos y de repente una usuaria de nuestra tarjeta se ha hecho la mejor amiga del carnicero de su calle y cuando pasa por allí, aunque no vaya a comprar, le dicen ‘oye, ha sobrado un poco de jamón de york, toma para los nenes’. Me contaba una mujer que este verano, todos los días al pasar por el mercado, el frutero le cortaba una raja de sandía para el niño. Eso es maravilloso”.

A ella le toca también controlar en qué se gasta el dinero de esas tarjetas. Lógicamente no todo vale, la prioridad es cubrir las necesidades básicas de alimentación, pero esas necesidades no siempre son las mismas para todos: “Me llamó una familia para avisarme de que en el ticket iba a ver que habían comprado canela, azúcar y harina. Era el cumpleaños de uno de los hijos y no habían encontrado manera de comprar una tarta… y yo pensé qué potente que alguien me tenga que estar explicando esto… Pues evidentemente, si es el cumpleaños del niño, una tarta, claro que sí”.

Más allá de la anécdota de la tarta, el nuevo modelo está funcionando. Supone un avance más allá de la lucha contra la inseguridad alimentaria, como explica Gabriel Ramas: “También combatimos el problema de la malnutrición, porque a través de la app tienes acceso a una gran variedad de alimentos: carne, pescado, productos lácteos… cosas a las que de otra forma difícilmente podrían acceder”; pero sobre todo permite dar apoyo a familias vulnerables sin que tengan que renunciar a su dignidad. “Rompe la estigmatización que se produce cuando una familia se pone en lo que llamamos la cola del hambre, a nadie le gusta eso, no es digno y este enfoque pensamos que dignifica” comenta Dias. “Ésa es la potencia de nuestro modelo, no hacemos ninguna distinción, la palabra ‘dignidad’ supone poder elegir lo que quieres comer, cuándo lo quieres hacer o ir a recoger tú mismo ese alimento”, añade Ramas.

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