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¿Por qué recuerdas la cara de tu maestra de parvulario y no lo que cenaste ayer?

El biólogo y experto en neurociencia Héctor Ruiz Martín publica 'Los secretos de la memoria', en el que da respuesta a preguntas como esta

¿Por qué recuerdas la cara de tu maestra de parvulario y no lo que cenaste ayer?

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Madrid

¿Imaginas poder olvidar todo lo que preferiríamos no recordar? Exjefes, exparejas, examigos. Aquella conferencia en la que nos quedamos en blanco, una mala noticia, una conversación dolorosa. La memoria parece de lo más caprichosa: nos hace incapaces de acordarnos de lo que cenamos anoche (¿espinacas? ¿sopa?), pero recuerda perfectamente la cara de la primera profesora que tuvimos en el parvulario. Olvidamos coger las llaves, pero reproducimos de corrido el número de teléfono de nuestra casa de la infancia.

Héctor Ruiz Martín es experto en memoria y aprendizaje. Acaba de publicar 'Los secretos de la memoria', un libro en el que ahonda en el funcionamiento de esta facultad que nos permite almacenar recuerdos. "La memoria es mucho más que un almacén. En realidad, la memoria es nuestra capacidad de aprender cualquier cosa. Es el resultado de que nuestro cerebro cambia en todas nuestras acciones y experiencias, y esos cambios son los que después nos permiten responder de una manera más adaptativa ante estímulos iguales o parecidos a los que han producido esos cambios', ha contado esta tarde en 'La Ventana'.

Creemos recordar con exactitud, con fidelidad. Pero no es así. "La memoria es muy poco de fiar", asegura Ruiz Martín, "La memoria no es buena recordando cosas al pie de la letra, lo que se le da bien es recordar el trasfondo de las circunstancias". Por eso, al recordar reconstruimos imperfectamente. Cambiamos los detalles. Como en una película basada en una historia real.

No todos los recuerdos son como los recordamos

Tanto es así que a veces nuestra memoria genera falsos recuerdos. "Podemos tener recuerdos de cosas que no sucedieron de esa manera o que ni tan solo sucedieron", afirma. En su libro, Ruiz Martín cuenta que, tras el 11-S, un grupo de investigadores encuestó a miles de ciudadanos estadounidenses acerca de sus recuerdos sobre ese día. Les preguntaron sobre las circunstancias en que habían tenido noticia de los ataques, los detalles de lo sucedido, cómo reaccionaron y cuán seguros estaban de la fidelidad de sus recuerdos. Los investigadores volvieron a encuestar a las mismas personas al cabo de uno, tres y diez años. Al comparar las respuestas, vieron que los participantes habían ido olvidando los detalles de los acontecimientos y, sin embargo, su confianza en que recordaban los hechos tan bien como el primer día era alta.

En realidad, lo olvidamos casi todo. "Recordamos muy pocas cosas. Nuestra memoria va registrando todo lo que percibimos a lo largo del día, pero la mayor parte de esas cosas acabamos olvidándolas", explica Ruiz Martín.

Las vivencias que provocan emociones intensas se recuerdan de manera preferente. Por eso, podemos recordar el olor de nuestro hijo al nacer, o aquel gol de Messi que nos hizo saltar del sofá, pero esta tarde, cuando bajes al supermercado a por aceite, volverás con doce rollos de papel higiénico, un pack de yogures y una barra de pan. Y, por supuesto, será ya en casa cuando te acuerdes del puñetero aceite.

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