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Claire Denis, la mujer que inspira a las nuevas directoras del cine de autor

La cineasta francesa estrena esta semana 'Fuego', una película sobre un triángulo amoroso que protagonizan Juliette Binoche y Vincent Lindon

Claire Denis en la Berlinale (Photo by Gerald Matzka/picture alliance via Getty Images) / picture alliance

San Sebastián

Pocas directoras ruedan el cuerpo, el sexo y el deseo como la francesa Claire Denis. Nacida en París, esta directora de 76 años ha mostrado en sus películas dos grandes temas: el deseo femenino y el colonialismo francés. Su padre fue funcionario en distintos países francófonos como Burkina Faso, Somalia, Senegal y Camerún, y esa experiencia vital ha aparecido en su cine. Chocolat, su debut en 1988 era una autoficción en la que reflexionaba sobre el colonialismo africano. Un tema que volvería a tratar en Beau travail una década después.

En Fuego adapta la novela de su amiga, la escritora Christine Angot, con la que ya firmó Un sol interior, otra película que protagonizó Juliette Binoche. "Me gusta mucho trabajar con Christina, parece que escribe libros sombríos y siniestros, pero yo me muero de risa con ella. Escribimos el guion durante la pandemia y alejamos esa historia autobiográfica, porque yo necesitaba que hubiera una distancia", explica la directora a la Cadena SER durante el Festival de Cine de San Sebastián, donde se presentó por primera vez.

"Cuando comencé a hacer películas, empecé poco a poco a ver el cuerpo, el deseo. Yo no tenía esa percepción, no era consciente de ello. Lo digo sinceramente", reconoce la directora. "Creo que no sé rodar de otra forma. Me gusta el pudor, también en los actores, pero para mí el cine es una materia física. Así lo siento, no solo desde la parte de los actores, también la parte técnica la siento como física, no puedo quedarme lejos de ellos en el set. Es algo así como que cuando llueve si los actores se mojan, yo tengo que mojarme también", decía.

Para Claire Denis sus referencias son directores con los que ha trabajado como asistente, como Wim Wenders, Jim Jarmusch, Jacques Rivette o Costa-Gavras. "Mis referentes eran masculinos, es cierto que siempre me gustaron directoras y que tengo como referente también a Marguerite Duras, pero sobre todo eran directores". Admite también que el cine del japonés Ozu le ha marcado profundamente.

"Las películas de Ozu me parece que mezclan lo masculino y lo femenino a la vez. En ellas las mujeres son y están siempre al mismo nivel que los hombres", explica. "A mí el cine de Ozu me ha aportado mucho. Sobre sus películas puedes hablar de cosas casi inmateriales como el pesar, la ternura, el amor. La vida, incluso. Quizás sea simplemente el tiempo de la vida. No lo descubrí en la escuela de cine, sino que mucho más tarde, en la filmoteca. Me parecía que, al contrario que muchos otros realizadores japoneses que me gustaban, en él había una especie de visión global, casi como si fuese la humanidad. Algo completo".

De citar a referentes, la directora se ha convertido ella misma en una referente para la nueva generación de directoras europeas que tratan de hacer un cine de autor en este momento de turbulencias en la industria. "Conozco a un par de realizadoras que dicen esto, pero a mí me extraña verme como una referente. No soy ni siquiera consciente de mí misma. No teorizo mucho sobre mí o sobre mi trabajo. Yo funciono de un modo más instintivo y me gusta que sea así. Esa forma de actuar instintiva es la que destacan autoras como Carla Simón, ganadora del Oso de Oro en Berlín con Alcarràs y una de las admiradoras de Claire Denis. "No creo que lo del instinto sea únicamente femenino, creo que hay hombres realizadores muy instintivos".

Su cine tiene mucho de la semiótica de Roland Barthes, aunque para la directora no hay teoría detrás de sus películas. Reconoce que tiene cierta relación con el filósofo francés. "Recuerdo que un productor me pidió adaptar Fragmentos del discurso amoroso de Roland Barthes. "Yo dije que no, había leído el libro de joven, pero no sabía cómo abordarlo". Sin embargo, parece que la obra de Claire Denis indague en contar los fragmentos amorosos de las mujeres, normalmente contados por hombres o reducidos al objeto del deseo. La pasión amorosa como delirio, como algo que domesticar. Eso estaba en Barthes y está en la obra de Denis.

De todas sus películas, quizá sea Fuego en la que más libertad le ha dado a su protagonista femenina, a la que interpreta Juliette Binoche. "He hecho algo que los hombres siempre hacen. Me he dado a mí misma ese permiso. El que una mujer se otorgue el derecho de desear, que decida tomar su propia dirección, su propio camino", explica la directora sobre la protagonista de esta película, una mujer de mediana edad, periodista radiofónica, envuelta en un triángulo amoroso entre su pareja actual y su ex marido que acaba de salir de la cárcel. "Creo que siempre ha existido este tipo de mujeres que se ponen en el centro del deseo. Pero ahora la diferencia es que nos permitimos contarlo".

Las huellas del pasado colonial están presentes también en este filme. Lo muestra a través de dos elementos. Por un lado el hijo adolescente del personaje de Vincent Lindon. "Vive con un padre ausente y no tiene ni una imagen paternal ni maternal fuerte. Además es mestizo y eso es duro para él", explica la realizadora. Por otro lado, el personaje de Binoche, premio Donostia en esta edición del Festival de San Sebastián, trabaja como periodista en la radio RFI, una emisora que durante mucho tiempo ha sido el eslabón con los países africanos y asiáticos francófonos y la propia Francia. "Significa más que el postcolonialismo, significa que hay una lucha por la imagen de los negros. Una imagen que va más allá del racismo", incide Claire Denis.

Con Juliette Binoche ha trabajado en tres ocasiones, en Un sol interior, en la película de ciencia ficción High life y ahora en Fuego. Hacía la actriz francesa solo tiene palabras de elogio. También para Vincent Lindon. "No es un actor complicado. Al contrario, es un actor muy fácil. Es un hombre que sufre. Un hombre que se hizo actor, pero no tiene una paz interior. Un hombre que duda de sí mismo constantemente y que intenta hacerlo lo mejor posible. Es un actor maravilloso, adorable y también sexualmente atractivo. Él duda de todo, menos del realizador y de sus compañeros de reparto". Para la directora de Los canallas o El intruso, los actores no deben ser planos; sino todo lo contrario. "A mí me parece que los actores complicados son actores con los que me aburro. Y con Vincent Lindon no te aburres nunca".

Hay algo reconfortante en ver una película de esta directora. Después de la pandemia, lo carnal vuelve a ser casi provocativo. Fuego es una película sobre la intimidad, sobre la dependencia del amor, pero sobre todo sobre cómo salir de un fuego cruzado amoroso. La cámara se acerca a los cuerpos de los amantes, no se separa de ellos y su dolor traspasa todo y llega a los espectadores en una película que no aporta nada nuevo, pero nos reconforta. Claire Denis es una realizadora activa a sus 70 años. Después de Fuego, con la que ganó en Berlín el Oso de Plata, el segundo premio, mientras que su pupila, Carla Simón, lograba el primer puesto en ese palmarés, la cineasta tiene otra película. Stars at Noon es la adaptación de la novela de Denis Johnson en torno a una historia de amor y pasión en la conflictiva Nicaragua de los años 80 con Margaret Qualley y Joe Alwyn.

Hace un par de años, otra de las grandes cineastas del momento, la argentina Lucrecia Martel, confesaba haber rechazado un proyecto de Marvel. Denis no se ha enfrentado a esa tesitura. Nadie se lo ha ofrecido: "Yo creo que haría muy bien una película de superhéroes. Y creo que Marvel debería pedirme que haga una película de superhéroes. Creo que Marvel se equivoca profundamente en no contratarme". Quizá nos quedemos sin ver unos superhéroes carnales, llenos de dolor, deseo y cotidianeidad. La dificultad de pertenencia, lo extraño, cómo lo intranscendente cambia la vida, son los temas que Claire Denis ha tratado en su cine, seguido de grandes tomas, de planos donde los personajes se mueven en los distintos ambientes, ya sea un terreno abierto en África o un angosto apartamento en París. Como su admirado William Faulkner, en sus personajes hay dolor y sufrimiento, pero también placer, encarnizado en unos cuerpos que casi traspasan la pantalla de cine.

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