Política

Marlaska niega una "masacre" en la valla de Melilla y defiende el uso "proporcionado" del material antidisturbios

El Ministro del Interior asegura que colaboran activamente con la investigación abierta por la Fiscalía y el Defensor del Pueblo, a los que han remitido ya todas las grabaciones

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, interviene durante el pleno celebrado el Congreso de los Diputados este miércoles en Madrid / Javier Lizón (EFE)

Madrid

El Ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska comenzó su comparecencia en el Congreso de los Diputados dando “el pésame por la pérdida de vidas humanas”. Pero en ningún momento fue capaz de citar el número exacto de quienes se dejaron la vida en la valla de Melilla aquel 24 de junio. Grande Marlaska sí mencionó el dato preciso de los 55 guardias civiles que resultaron heridos en aquel “ataque violento”, una expresión que repitió en multitud de ocasiones a lo largo de su intervención. El propio ministro reconocía que no encontraba otra forma de relatar lo ocurrido: "Estaría encantado de que me digan de qué forma puedo definir lo que ocurrió sin hablar de violencia o de agresión”, explicó desde la tribuna de oradores.

El Ministro del Interior incluso ironizó diciendo que aquel día “no se juntaron dos personas en la calle para tomar un café” eran “1.700 personas actuando en grupo y en actitud violenta”, armadas según el ministro, “con hachas, mazas, palos e incluso con una sierra radial manual”.

Durante su intervención Fernando Grande Marlaska hizo énfasis en la “violencia injustificable” de ese "grupo organizado" en “un episodio de intento violento de entrada irregular”. El Ministro del Interior remarcó el “hostigamiento” que sufrieron las Fuerzas de Seguridad del Estado, en concreto, las diferentes unidades de la Guardia Civil – 100 agentes, un helicóptero y un drone- que consiguieron “bloquear” una entrada masiva y “repeler y reducir la actitud violenta de los asaltantes, mediante al empleo oportuno” y “proporcional del material antidisturbios”.

Aquel 24 de junio murieron, al menos, 37 personas, aunque todavía hay decenas que siguen desaparecidas. "No voy a permitir que nos den lecciones de derechos humanos, somos los únicos que tenemos un servicio de Salvamento Marítimo. No necesitamos que lo hagan las ONG. Todos los días salvamos vidas de personas que ponen en peligro sus vidas por el fin lucrativo de las mafias", afirmó el Ministerio del Interior, al tiempo que zanjaba que "no hubo una masacre en Melilla, ni fueron personas que pacíficamente intentaron acceder a España, ni hay un política migratoria basada en un enfoque exclusivamente securitario. Tenemos una política migratoria integral”. El máximo responsable del Ministerio del Interior defendió que su gobierno tiene una "sensibilidad máxima" con las personas que tratan de llegar a suelo español y que protagonizaron “un hecho de gravedad extrema” que "debería hacernos reflexionar sobre el futuro de la política fronteriza”.

Varios grupos de la oposición, entre ellos, Bildu le reprocharon que su departamento solo haya difundido las grabaciones de cuatro de la treintena de cámaras de vigilancia que hay en la valla de Melilla. “Esas imágenes las tiene tanto el Defensor del Pueblo, como la Fiscalía”, respondió el ministro, convencido de que la investigación abierta por estas dos instituciones esclarezcan lo ocurrido lo antes posible, investigaciones en las que Interior está colaborando activamente.

Durante cuatro horas rindió cuentas en el pleno del Congreso donde recibió las críticas por la respuesta del Ejecutivo ante los sucesos del 24 de junio de todo el arco parlamentario, excepto de su socio Unidas Podemos, cuyo portavoz Enrique Santiago no reprochó la gestión de lo sucedido y se limitó a solicitar un protocolo para quienes piden asilo en el mismo puesto fronterizo.

Las explicaciones del ministro no sirvieron para aminorar las críticas de la oposición que, con distintos argumentos, criticaron la actuación del Gobierno y las fuerzas de seguridad. No convenció a la diputada del PP Ana Vázquez, que le acusó de actuar "como salvavidas" de Sánchez porque su comparecencia "está pactada" con sus socios de investidura: "un poco de teatro, un poco de luz para que deslumbre y no se vea y sin hacerse mucho daño", dijo.

"Quieren cerrar a cualquier precio su actuación ante lo ocurrido", aseveró Vázquez tras acusar de opacidad al Gobierno, cuya política migratoria "de puertas abiertas" supone el "coladero de migrantes a Europa" y ha reclamado un aumento de efectivos en las fronteras, argumentos con los que coincidió Vox.

La parlamentaria Teresa López atribuyó la tragedia al "efecto llamada" de la política de Pedro Sánchez y a la actuación de las ONG a las que acusó de "hacer llamamientos a las mafias" cuando los CETI quedan vacíos.

Las críticas más contundente las protagonizaron los diputados de ERC y EH Bildu María Carvalho y Jon Iñarritu, respectivamente. Ambos defendieron que las muertes se produjeron en territorio español y no marroquí, lo que el ministro ha negado.

"Si quieren reintegrar algunos territorios a España pueden acompañar a sus señorías de Vox y poner banderas", ironizó .

Con una camiseta en la que podía leerse "Masacre en Melilla. #Noenminombre", Carvalho censuró que agentes del país vecino actuaran ilegalmente en España, ha denunciado que la mayoría de migrantes procedían de Chad y Sudán, países solicitantes de asilo, que quedaron atrapadas "como ratas", mientras "decenas de personas fueron asesinadas".

Decepcionado, aunque no sorprendido, se mostró Iñarritu con las "justificaciones" de Marlaska a unos hechos "terribles" sobre los que planteó varias preguntas como cuál fue el papel de los gendarmes, cuánto material antidisturbios se empleó, cuántas personas fueron devueltas "en caliente" o por qué no se abrió la puerta fronteriza ante la avalancha de personas.

El ministro también tuvo que escuchar los reproches a su política migratoria del resto de grupos, entre ellos los del portavoz del PNV Mikel Legarda, que hizo hincapié en que "el giro" de Moncloa en relación al Sáhara ha influido en la forma en que ahora Marruecos "exhibe músculo" en la gestión de fronteras.

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