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Consumo impulsa una ley pionera en la Unión Europea sobre el etiquetado en braille

Asociaciones como la ONCE llevan años reclamando que los productos del supermecado sean accesibles para las personas con discapacidad visual

Braille en el etiquetado para un mundo más inclusivo

Braille en el etiquetado para un mundo más inclusivo

12:57

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Madrid

Romeo es el responsable de que el problema se haya vuelto a poner sobre la mesa. Tiene 4 años, es ciego, y un día cocinando con su madre, Lucía, se quejó de que aunque supiese leer en braille, no podría distinguir un bote de champiñones. Los dos comparten una cuenta de Instagram desde la que visibilizan su día a día y Romeo le pidió grabar un vídeo. Lucía nos cuenta en Código de Barras que ella se comprometió a darle visibilidad, aunque no imaginaba que llegaría a tanta gente. El vídeo acumula ya más de 378.000 'me gusta' y ha dado un impulso a la campaña que, durante años, llevaba a cabo la ONCE. Esta semana, el Ministerio de Consumo ha puesto en marcha el proceso de una nueva ley que obligará a las empresas a incluir en determinados productos la información en braille. "En este caso, la unión ha hecho la fuerza", dice Lucía.

El proceso está ahora mismo en periodo de consulta pública y la ONCE es una de las entidades participantes en el desarrollo de la ley. Ana Ruiz, directora de Educación, Empleo y Braille de la organización, explica que es una normativa pionera en todo el mundo. "Llevamos años trabajando en este etiquetado, y uno de los impedimentos que nos encontrábamos es que no hay ningún tipo de regulación europea que sirva de modelo", detalla Ruiz.

La propuesta de Consumo incluye a los productos de consumo general empaquetados (carnes, pescados, huevos, leche, café, conservas...) y a los potencial o claramente peligrosos (productos de limpieza, cerillas, bombonas de gas o plaguicidas). Desde el ministerio, la idea es que la etiqueta inclusiva especifique la información mínima básica, como el nombre, la naturaleza, la fecha de caducidad y los alérgenos. La propuesta de la ONCE es que los productos lleven escrito en braille solamente el nombre, la marca y los alérgenos. "Por la forma en la que se escribe el braille, la fecha de caducidad no cabría en los envases medianos y pequeños, por eso proponemos una combinación entre el braille y un código QR en el que aparezca la composición completa", comenta Ruiz.

Hacer la compra con una discapacidad visual

Richi y Chelo conviven con una discapacidad visual y se enfrentan a la tarea de hacer la compra de manera distinta. En los dos casos necesitan que el supermercado les preste ayuda. "Voy con un trabajador y vamos recorriendo los pasillos. Él me dice en qué zona estamos, yo le digo lo que necesito y me va enseñando los productos", cuenta Richi. Esta parte del proceso es la más sencilla, porque las tiendas les suelen ofrecer asistencia.

El momento complicado llega en casa, al colocar la compra, donde siempre necesitan la presencia de alguien que pueda ver porque hay productos con envases iguales. "Necesito los ojos de alguna amiga, porque yo no distingo las latas de fabada de las de lentejas, por ejemplo", explica Chelo. Su método consiste en etiquetar en braille uno por uno todos los productos. "Es horrible, yo lo odio", confiesa. Richi opta por una forma de organizarse que requiere de una memoria privilegiada: "Los pongo en una determinada posición. El caldo de pescado, por ejemplo, tumbado, y el de pollo, de otra forma". Juega, además, con los distintos tipos de envases. "La leche semidesnatada la compramos en botella y la desnatada en brick", comenta.

Pese a la extrema organización, el hecho de que los envases no lleven etiquetas en braille les ha jugado malas pasadas. "Hay veces que vas a tomarte una cervecita y te acabas abriendo un refresco de limón", bromea Richi. Chelo cuenta entre risas que una vez sirvió a una amiga un café con zumo de naranja, porque confundió el envase con el de la leche.

Los dos mencionan que son problemas a los que no se enfrentan con los medicamentos, porque en ese caso todos están etiquetados en braille. "Si no fuese así, necesitaría que cada día viniese a mi casa alguien a ayudarme a tomar las pastilla", cuenta Chelo, que asegura que la ley que prepara Consumo le facilitaría sustancialmente la vida y le haría un poco menos "horrible" el proceso de comprar.

 
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