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Cine y TV

Cuando Harrison Ford era becario

Harrison Ford, que acaba de cumplir 80 años, fue carpintero y apareció en pequeños papeles antes de convertirse en una gran estrella del cine

Harrison Ford

Christopher y Dorothy Ford estaban preocupados. Su hijo Harrison era un niño tímido, de esos que se pasaban todo el recreo en una esquina. Era constantemente objeto de burlas y bromas por parte de sus compañeros. Para integrarle, sus padres le apuntaron al club de maquetas ferroviarias y le convencieron para que aceptase ser la voz de la radio del colegio. Fue su primera actuación pública.

Harrison Ford de niño y de adolescente

Años después, cuando estudiaba en la universidad de Wisconsin, al joven Harrison Ford las cosas no le iban mucho mejor. Se matriculó en Literatura y Filosofía, pero sus notas eran bajas y no iba mucho por clase. Le gustaba más hacer obritas con el grupo de arte dramático del campus. Antes de marcharse de la Universidad tomó una decisión. Tenía una novia desde primer curso, una chica llamada Mary Marquandt. Con tan solo 20 años, se casa y viaja con ella a Los Ángeles.

Ya en Los Ángeles, Harrison se busca la vida como puede, pasando por todo tipo de empleos mal pagados. Por fin, la Columbia le ofrece un contrato de 150 dólares a la semana por hacer pequeñas apariciones en televisión, en diversas series y telefilms con alguna frase de vez en cuando. Durante esta época ocurrió el incidente que le dejará esa cicatriz en la barbilla que a la postre se ha convertido en uno de sus rasgos más distintivos: se estampó con su coche contra un poste; le llevaron al hospital y le cosieron la barbilla de forma bastante chapucera.

Harrison Ford en la película Ladrón y amante, dirigida por Bernard Girard en 1966.

Por fin, en 1966 llega su debut en el cine. La película se titula Ladrón y amante y solo aparece en ella 20 segundos haciendo de un botones que se dirige a James Coburn llevando un telegrama. Después de esa actuación lo último que se imaginaba Harry es que el vicepresidente de la Columbia le llamara a su despacho. “Te voy a dar un buen consejo”, le dijo. “Cuando vi a Tony Curtis por primera vez supe que iba a ser una estrella y tú, desde luego, no lo serás nunca”. El actor no se desanima y sigue trabajando en series como Ironside o El virginiano. Tiene ya dos hijos, Benjamin y Willard, y no llega a fin de mes. Es entonces cuando, aprovechando lo mañoso que es, decide aprender un oficio. Usando libros prestados de la biblioteca pública aprende a trabajar la madera y se convierte en carpintero.

Harrison Ford en su taller de carpintería

Harrison Ford trabaja como ebanista para ir tirando hasta que pueda ganarse la vida como actor. Al músico brasileño Sergio Méndez le cobra diez mil dólares por construirle un estudio de grabación y a Sally Kellerman, la actriz que hacía de “labios ardientes” en la película MASH, le monta una cocina. Mientras, sigue haciendo pequeños papeles en la tele o en el cine, en películas como Zabrinsky point o Camino recto. Pero su fama en Hollywood crece más como ebanista que como actor. Uno de sus clientes habituales es Fred Roos, director de reparto de la Universal. Un día, mientras trabaja en su casa, le presenta a un joven director llamado George Lucas y éste, al enterarse de que el carpintero también es actor, le propone hacer una prueba para la película que está preparando. Es el año 1972 y Harrison consigue el papel de vaquero pendenciero que conduce un Chevrolet preparado en American Graffiti. La película es un éxito, pero no saca de pobre a Harrison Ford. Su cotización sigue siendo muy baja. 700 dólares es lo que cobra por hacer American Graffiti. Por eso tiene que seguir trabajando con el serrucho y el martillo. Y es así como consigue más trabajo en el cine. Realiza unas obras en las oficinas de Francis Ford Coppola y éste le ofrece un papel en su película La conversación, con Gene Hackman como estrella.

Harrison Ford en una escena de American Graffiti, dirigida por George Lucas en 1973.

Y así llegamos al año 1976. Harrison Ford tiene ya 34 años y su carrera de actor parece que nunca va a despegar. Es entonces cuando George Lucas se acuerda de aquel secundario de la cicatriz en la barbilla de American Graffiti y le ofrece un papel en su nueva película: La guerra de las galaxias. El film es un éxito apoteósico. Los 650.000 dólares que cobra por hacer de Han Solo le permiten abandonar definitivamente su oficio de carpintero y concentrarse plenamente en su carrera artística. Aún tiene el cartel de secundario y como tal aparece en títulos como Fuerza 10 de Navarone o Apocalipse Now, donde da vida al coronel que le encarga su misión a Martin Sheen. Por cierto, su personaje en Apocalipse Now se llama Lucas, quizá en homenaje a su descubridor.

Y llegan, por fin, los primeros protagonistas. Rueda La calle del adiós en la que hace de piloto de aviones. El mercenario Han Solo, que comenzó como un personaje secundario de La guerra de las galaxias, toma las riendas en El Imperio contraataca. Mientras Luke Skywalker se pasa casi toda la película hablando con Yoda en un pantano, Han Solo achicharra a los malos y besa a la princesa Leia. Y entonces ocurre algo más. Tom Selleck, el actor elegido por Spielberg y Lucas para interpretar a Indiana Jones renuncia al papel porque su contrato con la serie de televisión Magnum se lo impide. Spielberg le hace una propuesta a su socio: “¿Qué tal Harrison Ford?” George Lucas no lo tenía muy claro, pero Spilberg se sale con la suya y Harrison baja de los cielos, coge un látigo y un sombrero y se marcha a buscar una vieja reliquia: el Arca de la Alianza.

En busca del arca perdida convirtió definitivamente a Harrison Ford en una gran estrella. El héroe por excelencia de los años 80. Después vendrían Blade runner, Único testigo, La costa de los mosquitos, El retorno del Jedi o las secuelas de Indiana Jones. Hollywood había perdido a un buen carpintero pero había ganado a uno de los actores más populares de su historia.

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