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Ocio y cultura

La intuición

Esta acción inconsciente permite al ser humano tomar decisiones rápidas con muy poca información

La última llamada

53:08

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¿Cuáles son las diferencias entre el instinto y la intuición?

Hogarth definió el instinto en 2001 como una “tendencia heredada de emprender acciones de protección automáticas ante estímulos potencialmente peligrosos”. Por ejemplo, si escuchamos un ruido muy fuerte, la reacción suele ser que nos tapemos los oídos o si vemos que mucha gente empieza a correr hacia nosotros, salimos corriendo para que no nos pasen por encima.

En el caso de la intuición, tiene mucho más juego. Según la Red de Revistas Científicas de América Latina, la intuición es “la capacidad humana de llegar a conclusiones correctas a partir de información escasa, en poco tiempo". Esa poca información puede ser lo que te contó una persona, lo que le ocurrió a alguien cercano o incluso el olor de una camisa. La intuición, entonces, se puede denominar como “un pensamiento subsimbólico, que no siempre está a nivel consciente”. Puede funcionar tanto en situaciones conocidas como nuevas, por eso es tan útil y necesario. Esta actividad inconsciente ha permitido al ser humano tomar decisiones rápidas con poca información que ha ayudado a que mejoren nuestras relaciones y esto nos ha dado ventaja frente al resto de animales.

Los estudios dicen que la intuición está basada en el conocimiento que acumulamos de nuestra experiencia cotidiana. Por eso, cuanta más información relevante tengas guardada en la memoria, mejor será tu capacidad para resolver intuitivamente diferentes situaciones. Al final la intuición forma parte de nuestras vidas, pero a veces la descartamos porque creemos que es casualidad o un truco de nuestra imaginación.

¿Pero entonces la intuición nunca se equivoca?

Como todo, la intuición tiene un margen de error importante. Se puede decir que nuestro equipamiento intelectual tiene fallos porque para sobrevivir tiene que tomar decisiones rápidas y atajos. Ya hemos hablado de sesgos en otros programas, porque la misión principal del cerebro es la de ahorrar energía. Pero en nuestras vidas tenemos que enfrentarnos a muchas decisiones diarias que si tuviésemos que analizar en profundidad, no saldríamos ni de casa. Por eso empleamos la intuición cada día, ya que el beneficio es mayor que el perjuicio.

Y nuestro cerebro, ¿cómo la procesa?

Elsa Punset explica cómo la visión humana parece sencilla: los ojos reciben imágenes que el cerebro procesa y listo. Pero en realidad tenemos dos circuitos visuales: uno consciente y otro inconsciente. Por ello vemos más de lo que creemos, absorbemos y acumulamos información visual que no penetra en nuestra mente consciente, pero dependemos tanto de nuestro sentido de la vista que no estamos acostumbrados a utilizar nuestro circuito visual intuitivo.

Por ejemplo, nuestros cerebros reaccionan con ansiedad ante imágenes de caras que expresan miedo, aunque pasen tan rápido que no seamos conscientes de que las vemos. Y es que la amígdala, el centro emocional del cerebro, reacciona a imágenes que solo vemos durante 33 milisegundos, un tiempo demasiado corto para que nuestra mente consciente pueda registrarlas.

La psicóloga Myriam Oliver habla de la intuición como una forma de pensar, porque a través de ella también procesamos la información, aunque de una manera más rápida. Defiende que la intuición tiene una razón de ser biológica y evolutiva y la neurociencia ha encontrado una relación entre intuición y respuesta cerebral. En un estudio de investigación se demostró que gracias a la vivencia de experiencias vamos creando nuevos caminos cerebrales, nuevas conexiones, y eso nos ayuda a nuestro desarrollo y pensamiento cognitivo, y también al pensamiento rápido y automático: por tanto, a la intuición.

Además, nuestro cerebro está conectado a nuestro cuerpo. Éste muchas veces nos da señales sobre cómo actuar en diferentes situaciones (sudoración, palpitaciones cardíacas). De hecho, en un estudio realizado en Reino Unido demostraron que aquellos participantes de un juego de mesa que mejoraron e incluso ganaban, eran aquellos que escuchaban a su ritmo cardiaco.

Entonces, a quién le hacemos caso, ¿a la lógica o a la intuición?

La lógica te diría: “deberías escogerme a mí, soy fría, lo tengo todo calculado y no me dejo llevar. Aquí tengo unos datos que lo corroboran. Toma, léelo, compruébalo.” Sin embargo la intuición comentaría algo como: “mira estos recuerdos y no me va a hacer falta decir más”.

La intuición suele manifestarse con emociones y sensaciones físicas. Si estás dudando a la hora de tomar una decisión, piensa en las alternativas con calma y fíjate en cómo reacciona tu cuerpo. Si estás tenso o incómodo, podría darte una pista importante.

¿Se puede entrenar la intuición?

Elsa Punset propone un ejercicio. Tienes que imaginar un semáforo: la luz roja es 'no' y la luz verde es 'sí'. A continuación, hazte preguntas sencillas que puedas contestar con un sí o un no e imagínate el color del semáforo.

Por ejemplo:

¿Me llamo Raquel?

¿Tengo una gata?

¿Vivo en Japón?

Cuando te hayas hecho muchas preguntas sencillas y tu cerebro esté entrenado, puedes hacerte una pregunta de la que no sepas la respuesta.

¿Cómo me sentiré en este nuevo trabajo?

¿Me hace bien quedar con esta persona?

Inconscientemente vendrá un color a la cabeza, y esa es tu intuición contestándote.

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