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Opinión

La mariposa

"Volaba como si quisiera hacer doler, con parsimonia, envuelta en una especie de temblor, en una burbuja de silencio. Completamente oculta en sí misma, sin saber que estaba viva"

La mariposa

La mariposa

03:52

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Buenos Aires

Era sábado a la tarde. El cielo estaba poderoso y brillante como un animal salvaje y suelto. Yo iba en auto por la ciudad que es, como casi siempre, Buenos Aires. Llevaba conmigo, como siempre, mi catástrofe doméstica. La multitud de ángulos filosos que viajan dentro de mí, todos desacomodados y punzantes. Llegué a la enorme mezquita que hay sobre la avenida Bullrich. La luz era acuática, un verde dolorido descendía de los árboles como si quisieran aferrarse a su color, como si lamentaran la huída del verano. Era un paisaje submarino quieto y distante, con la belleza extraña de lo que está fijo, embalsamado. Entonces vi una mariposa enorme. Avanzaba en línea recta a pocos metros del piso, un proyectil rasgando el aire con lentitud, tomándose su tiempo. Volaba como si quisiera hacer doler, con parsimonia, envuelta en una especie de temblor, en una burbuja de silencio. Completamente oculta en sí misma, sin saber que estaba viva. Impávida entre los árboles de los que podrían haber chorreado espíritus y dioses. Una cápsula de luz, un carámbano violento, una llaga, las alas de color naranja atravesadas por la piedad palpitante del otoño. Parecía hecha de sol y de cristal. Era suave y bélica, como una cicatriz de la que manara lava. Pensé en su pequeño corazón de fuego, en todo lo que había dentro de ella y que funcionaba perfectamente: en palabras como hemolinfa y libación. No avanzaba con altivez ni con modestia: era un trozo de vidrio con algo de alma. Fue como recibir el rayo de la muerte. Nunca seré así, pensé, un cuerpo vivo y vacío de pensamientos. Después seguí.Viajé un largo rato, llegué al sitio donde me esperaban, di una conferencia, pensé cosas, sonreí, respondí preguntas. Todo se volvió banal y repetido, como si no hubiera sucedido nada.

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