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Opinión

Hemos dejado de contar

"En España nos va lo insólito porque no hay consenso sobre la realidad. Nuestra historia es un descampado y un montón de cadáveres. A esto Díaz Ayuso lo llama la España perdida. Pero cada español tiene su España perdida"

Hemos dejado de contar

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Barcelona

Como la pandemia estalló en China, tuvimos que cambiar las horas por las olas, y empezamos a medir el año no por meses, sino por su oleaje. Al principio, las puestas de sol marcaban el momento de los aplausos, ya no había días sino gente confinada que se asomaba a las ventanas y a los balcones. Aplaudir a la puesta de sol tiene algo de película de Cuerda, de Amanece que no es poco. En España nos va lo insólito porque no hay consenso sobre la realidad. Nuestra historia es un descampado y un montón de cadáveres. A esto Díaz Ayuso lo llama la España perdida. Pero cada español tiene su España perdida. Para muchas familias, la España perdida tiene que ver con una guerra perdida. Que te declaren una guerra, y perderla. Esa es la historia de tanta gente. Se empezó aplaudiendo de noche y se acabó aplaudiendo de día. Esto era así porque la Tierra gira sobre sí misma, y las ocho de la tarde es una hora semoviente. Tenemos también horas petrificadas, es decir, históricas, que se quedan ahí pase lo que pase, como por ejemplo las cinco de la tarde. Hoy, es muy fácil escribir que la Tierra gira sobre sí misma y que da vueltas alrededor del sol; sin embargo, antes, quien lo decía era condenado a la hoguera. El terraplanismo ha sido nuestra religión oficial durante siglos, y cuando se mira atrás es eso lo que se ve. Y descampados a los que llamamos historia. A quien se aplaudía en los balcones era al personal sanitario. Nuestras manos eran nuestra voz, y nuestro capital. Ahora los médicos de los hospitales de Madrid han tenido que ir a la huelga para defender sus derechos laborales. No están mejor en el resto del país, ni en el resto de la sanidad. Vamos ya por la séptima ola; pero hemos dejado de contar, es decir, que ya no contamos, sobre todo, los más débiles. Quien aplaude el último aplaude mejor. Y sin balcón.

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