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Emociones fuertes en El Molinón para un gran fin de fiesta

Djuka y Mariño se aliaron para que el Sporting no dejara escapar una victoria merecida pero muy sufrida que la afición rojiblanca disfrutó en su regreso al estadio

Celebración del gol de Djurdjevic al Burgos. / LaLiga.com

Celebración del gol de Djurdjevic al Burgos.

Gijón

Si las victorias sufridas son las que más se disfrutan, el sportinguismo salió ayer de El Molinón pletórico, en el día del regreso a la nueva normalidad futbolística. El Sporting empezó con buen pie la temporada, aunque tuvo que sudar hasta el pitido final por la falta de control en el último tramo del partido. Djuka, un año más, parece el hombre llamado a desatascar al equipo en ataque y, en el estreno, Mariño se encargó de salvar el pírrico botín conseguido tras tantos esfuerzos. Tres paradas sublimes del portero (una especialmente meritoria junto a la cepa del poste) impidieron el empate del Burgos, que tuvo en las botas del exrojiblanco Claudio Medina la última ocasión del partido, ya en el 93. No merecía el Sporting ese castigo en un partido que dominó durante buena parte, pero en el que repitió el viejo error de no saber cerrarlo a tiempo. Finalmente, los tres puntos se quedaron en casa para cerrar un domingo fantástico.

Hay cosas que no cambian y otras que, afortunadamente, sí. Djurdjevic empieza La Liga como acabó la anterior: marcando goles que resuelven partidos. Incluso mejor, porque por una vez su pierna derecha no fue su única arma, sino que en esta ocasión remató perfectamente de cabeza un buen centro de Aitor García. Diego Mariño, sin embargo, arranca el campeonato siendo el que fue casi siempre menos en el último curso, donde no ofreció su mejor nivel.

Ellos fueron los dos jugadores más destacados de un Sporting que mantiene la filosofía de David Gallego, pero que al menos en la primera jornada se mostró más ambicioso y dominador que de costumbre. Todo parte de una solidez defensiva que, sin embargo, en este partido tuvo algún apagón, con Valiente y Babin un tanto dubitativos, especialmente el primero. El equipo tuvo profundidad por las bandas, mucho ritmo de juego durante 65 minutos (hasta el gol) y una posesión abrumadora. A Nacho Méndez y Gragera, eso sí, el partido se les hizo largo y ni Pedro Díaz ni Christian Rivera supieron darle al equipo la velocidad de circulación y la paciencia con el balón que precisaba al final. También se le hizo un poco largo a Fran Villalba, que sin embargo en la primera mitad dejó detalles de su enorme talento y visión de juego. Le falta, eso sí, ese punto de feeling, de conexión con los compañeros para que acaben de entender con una mirada o ni siquiera eso el lugar donde les quiere poner el balón. A veces eso surge naturalmente; otras es cuestión de tiempo. 

De todo lo que ha cambiado con respecto al Sporting del pasado, lo mejor es haber sentido el calor de una afición volcadísima en su vuelta a El Molinón. 10.170 personas disfrutaron de lo lindo, se pusieron nerviosas con alguna frivolidad innecesaria en ese ímpetu del equipo por no rifar el balón y, cumpliendo con las estrictas normas de seguridad, celebraron a lo grande que el Sporting empieza sumando los tres primeros puntos. Fue la guinda a un Super Domingo extraordinario en Gijón y, ojalá, el aperitivo de una temporada en la que del Sporting se espera que, lo que cambie, sea a mejor.

David González

David González

Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de SER Deportivos Gijón y voz de los partidos del Sporting...

 

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