Apostar con un click

Asturias
Todo comenzó hace tres años. Todo comenzó en un local comercial de mi barrio que, hace tiempo, había cerrado. Todo comenzó con unas obras que desataron todo tipo de especulaciones, que si una agencia de viajes, que si un kiosko de prensa, libros y golosinas… Al final, nadie acertó, lo que el local albergaría iba a ser una casa de apuestas deportivas.
Que sus avispados promotores seguramente estarán convencidos de que así contribuyen mejor a cumplir los sueños de gente “curranta” con ganas de conocer mundo, o a promover información y cultura, además de endulzar la vida. Es otra manera de verlo. Disonancia cognitiva de manual, oigan…
En estos tres años, la vida de Toñín (nombre ficticio, por supuesto), un neño de 15 años de toda la vida del barrio, buen estudiante, vivaz y despierto, ha cambiado por completo. Tras un día que se metió en una aplicación en la que apostó por el club de sus amores. Tras varios días en los que su primo, con los 18 recién cumplidos, por él apostaba en el local mientras tomaban algo. Tras muchos días en los que ya sólo siente obsesión por seguir apostando, por seguir queriendo atrapar la ilusión del premio, del triunfo, del prometido éxito…
¿Cómo va a ser un problema algo que anuncian sus ídolos deportivos con sonrisas de anuncio en paneles gigantes? ¿Cómo va a ser un problema si todos sus amigos apuestan y, de cuando en cuando, ganan algo para sus gastos? ¿Cómo va a ser un problema si en casa y en las escuelas apenas se habla de ello como un problema?
Pues Toñín ya no es el mismo, ya no disfruta con nada, apenas sale ya con sus amigos y en clase le cuesta un triunfo concentrarse. Sólo piensa en cómo va a arreglárselas para volver a apostar, para solucionar lo del dinero que ha perdido, la deuda que ha adquirido, cómo va a hacer para que no se enteren en casa…
Pero, en el barrio, van a abrir otro local de apuestas más…