El largo viaje para (no siempre) ser refugiado
En Aragón, 138 personas solicitaron protección internacional en 2016, según datos del Ministerio del interior. Las cifras se han disparado en 2017. Tras años de trámites, formación y ayudas públicas, no todos consiguen el asilo y deben regresar a sus países de origen
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GETTY IMAGES
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Zaragoza
"Tenía problemas en Ucrania, un país en guerra, aunque el presidente lo niegue y hable de operaciones antiterroristas " Así cuenta Vitalina, en un rudimentario castellano, los motivos que le llevaron a abandonar su país. Tiene 44 años y es madre soltera de una niña de 11. Llegó a Zaragoza en abril de 2016 procedente de Ucrania, donde era jefa de enfermeras de oncología en un hospital. Huyó porque la obligaban a incorporarse al ejército dejando a su hija en un orfanato y después de negarse al chantaje sexual de un militar. De la mano de la ACCEM, tras llegar a España, solicitó entonces protección internacional. Esta asociación, con ayudas públicas, le proporcionó abogado y un programa de ayudas para aprender el idioma o escolarizar a su hija. Además, en la empresa de limpieza TIEBEL se ha formado para trabajar como limpiadora. "Ha hecho un curso de limpieza y ahora está haciendo otro de empleo doméstico y aprendiendo cocina para poder aumentar sus posibilidades de trabajar", explica Marta Lapuente, una de las socias.
Sin embargo, tras más de dos años en Zaragoza, esta semana el Ministerio del Interior le ha denegado la condición de refugiada. "Ahora se queda como inmigrante ilegal. Aunque puede presentar recurso a la decisión, le invitan a que en quince días abandone el país. No es una orden de expulsión. Aunque si consigue estar nueve meses más en el país, cumplirá el periodo de 3 años en España que le permitiría solicitar el arraigo y quedarse" , explica Ester Ungría, activista de la asociación Amigos de Ritsona, que la ha estado acompañando.
La situación de Vitalina no es fácil. La tarjeta roja, documento que acredita su situación de solicitante de protección deja de tener vigencia. También las ayudas para pagar alimentos, alquiler o suministros. Ahora tendrá que depender de los programas que el Ayuntamiento de Zaragoza prevé en estos casos y que duran seis meses. Y durante este tiempo, no puede trabajar. "no tiene documento de identificación, no puede tener una cuenta en el banco, no tiene permiso de trabajo. Se queda totalmente a expensas de la caridad", insiste Ester Ungría. "Lo que habla de las contradicciones de un sistema que ha invertido dinero en formarla para insertarla en la sociedad aragonesa", añade.
Situación difícil para Vitalina y para migrantes en su misma situación. A pesar de todo, esta ucraniana no tiene intención de regresar a su país. Tiene miedo de hacerlo y prefiere arriesgarse a ser detenida aquí antes que volver. "Temo por mi hija. En Ucrania teníamos una situación negativa que ella ha visto y siempre tiene miedo", asegura.