Cuando todo arde
Preguntas que nacen de la pena, del agujero en el estómago que me produce ver a cientos de personas desalojadas de sus pueblos y de sus casas

Toledo
No tengo ni idea de incendios. Mi conocimiento sobre la propagación del fuego se circunscribe a lo poco o mucho que he aprendido en mis años de profesión como periodista y a lo que me cuentan algunos amigos bomberos. Si, tengo amigos bomberos, sé que os da envidia
En serio, desconozco los detalles técnicos de por qué y cómo es posible que este fin de semana, por ejemplo, hayamos visto arder media España. Todavía tengo el corazón encogido con imágenes como las de Zamora, Navarra, Lérida… Y también nos tocó un poco aquí en Toledo.
Sé que cuando se da la regla de los tres treinta -más de 30 grados de temperatura, viento de más de 30 kilómetros por hora y menos de un 30% de humedad-la cosa se complica y sé que esa regla va a ser cada vez más habitual porque es incuestionable que se está produciendo un cambio climático.
No sé mucho más, pero creo que cuando todo arde hay que hacerse preguntas, incluso desde el desconocimiento absoluto:
-¿Qué pasa en nuestros montes? ¿Están lo suficientemente limpios para que cuando llegue el fuego pueden defenderse? ¿Hay los suficientes cortafuegos? ¿Se trabaja lo suficiente durante todo el año para que cuando lleguen las altas temperaturas, la primavera, el verano, hayamos puesto cortapisas al fuego? ¿Hay que replantearse la política forestal? ¿Hay que pensar más en la prevención?
Insisto, son preguntas para las que no tengo respuesta. Son preguntas que nacen de la pena, del agujero en el estómago que me produce ver a cientos de personas desalojadas de sus pueblos y de sus casas, cientos de personas que cuando vuelvan pueden encontrarse todo arrasado.
Son preguntas que nacen del miedo que siento por los cientos de trabajadores que se juegan la vida, que sufren la tensión de un cambio de viento, de que el fuego se salta de un lado a otro de la carretera. Pendientes de ese riesgo de incendios y de propagación de incendios.
Cuando todo arde nos hacemos preguntas ¿hay que controlar más aún las actividades en el verano? ¿Hay que concienciar más a la población? ¿Qué hay que hacer para que España no sea una pira?
No tengo respuestas solo tengo miedo, pena, dolor, tristeza… Solo tengo ganas de que este verano, que se espera más cálido y más seco de lo habitual, no sea el verano en el que todo arde.
Es una opinión de una Toledana de Toda la Vida