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La batalla contra los grafitis en Palma: entre la limpieza, la vigilancia y el arte urbano

Mientras EMAYA intensifica la eliminación de pintadas en el centro, comerciantes y vecinos exploran soluciones para evitar el vandalismo, desde cámaras de seguridad hasta intervenciones artísticas

Palma

Toni Jaume forma parte del equipo de cinco trabajadores de EMAYA dedicado exclusivamente a la limpieza de pintadas en Palma. Desde las seis de la mañana, han estado eliminando grafitis de la fachada de un edificio en la Plaça de la Mercè, donde hay tantas capas acumuladas —algunas de hace más de una década— que incluso cuesta distinguir el color original de la pared. Todo está cubierto de pintura: la barrera metálica, el buzón y hasta el telefonillo del portal.

Los vecinos del centro de Ciutat agradecen el trabajo de los operarios e incluso les piden que actúen en sus fachadas.

Una lucha constante contra los grafitis

"Hartos". Así dicen sentirse muchos propietarios y residentes ante la proliferación de pintadas, que aparecen casi a diario. Intentar frenarlas no es tarea fácil: algunos han instalado focos con sensores de movimiento, cámaras de vigilancia o incluso tachan las pintadas por encima, pero todo resulta insuficiente.

Según EMAYA, la única solución efectiva es eliminarlas cuanto antes, ya que, si no se actúa, una pared vandalizada se convierte rápidamente en un imán para nuevos grafitis.

Para su limpieza, los operarios aplican varias capas de pintura en las fachadas. En superficies como baldosas o piedra, utilizan decapantes y agua a presión. Sin embargo, no actúan sobre barreras metálicas, ya que el tiempo de secado es prolongado; tampoco en cuadros eléctricos, por seguridad, ni en puertas de madera, debido a la dificultad de su restauración.

Alternativas creativas: del "grafiti de lana" a murales artísticos

Los comerciantes de la zona ya están acostumbrados a este problema y, en muchos casos, optan por soluciones propias. Cada vez que aparece una nueva pintada en su barrera, ellos mismos la vuelven a pintar.

Es el caso de Andrea Torlaschi, propietaria de la mercería La Tienda Taller, quien, paradójicamente, también practica el urban knitting o "grafiti de lana". En lugar de pintura, adorna pilones y postes de señales con tejidos de colores, una alternativa llamativa y decorativa.

A pocos metros, Vicky Pinar, dueña de la tienda de ropa Maricastaña, levanta la barrera de su comercio, decorada con dibujos artísticos. Apostó por un mural para evitar que fuera vandalizada.

Mientras tanto, los pocos vecinos que pasean a primera hora de la mañana alzan la vista y agradecen ver sus fachadas libres de grafitis, aunque la batalla contra las pintadas parece no tener fin.

Cabe recordar que EMAYA cuenta con una tarifa bonificada para eliminar los grafitis a 2 euros el metro cuadrado.

 

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