Ocio y cultura

El talento infinito de Jesús Bienvenido

El FIT acoge la representación de "El Rámper", un certero viaje contra el olvido con el carnaval de Cádiz como fondo

Una escena de El Rámper, de Jesús Bienvenido / Lourdes de Vicente

Cádiz

Hubo un tiempo en el que un disfraz fue un uniforme de guerra. Y ponérselo llegó a ser una sentencia de muerte. Jesús Bienvenido remueve en El Rámper, su segundo espectáculo como actor y dramaturgo tras el éxito de El Balsero, el pasado de la memoria histórica del carnaval de Cádiz, el de la represión que sufrieron decenas de personas por haber formado parte de chirigotas y murgas antes de la guerra. Bienvenido refina su capacidad interpretativa,, cautiva con un texto contundente, logra momentos de enorme belleza, y hace brillar, de nuevo, su talento infinito para hacer de la música, y en concreto del carnaval de Cádiz, una herramienta cultural con enorme potencial.

El Rámper fue un conocidisíimo payaso que triunfó en España en la primera mitad del siglo XX. Tan famoso fue que inspiró a algunas agrupaciones carnavalescas en Cádiz como Los Rámper filarmónicos de Cañamaque. Así que Bienvenido se mete en el cuerpo de Martín Martín León, un payaso de zapatones y chistera, de fantasmal maquillaje, y de pito de hojalata. Un pito que le dará mucho juego. A este entrañable hombre, al que enseguida se le coge cariño, lo vamos conociendo gracias a sus coplas. "El hijo cantor de la clase obrera", se presenta mientras lanza papelillos y serpentinas desde una vieja alacena con cajones y puertas de colores.

El Rámper no está solo. Está su padre, el que le dio dos lecciones sobre el carnaval. "El carnaval no se vende" y "el carnaval es algo muy serio". El que le hizo saber que el carnaval si no duele, si no araña, si no incendia las calles, si no llega al alma no es carnaval. Tampoco es carnaval si se escribe y se canta con miedo. Está también sobrevolando la escena la trapecista, la mujer que da el equilibro haciendo acrobacias sobre la vida. Y está Liberto, un profesor guerrillero, al que le falta pelo y le sobra valentía. También hay un pelotón de fusilamiento y un soldado que acompaña a un viaje, que tiene tantos golpes, pero de los que no hacen reír.

El Rámper, de Jesús Bienvenido / Lourdes de Vicente

Al igual que hizo con El Balsero, Bienvenido hilvana aquí un emotivo texto con profundo mensaje. En el primero hablaba del ailsalmiento forzoso, de un mundo a la deriva, de un planeta que se destruye. Aquí, en El Rámper, se agarra a la Historia de España, a la obligación de la memoria, al ejercicio complicado y costoso de recordar, al perdonar pero sin olvidar nunca. Es un homenaje explícito a todos los carnavaleros que fueron perseguidos, asesinados y desaparecidos tras 1936 por el mero hecho de hacer reír. "Tu peor enemigo es un payaso que canta", le dice a sus verdugos. Solo muere del todo lo que se olvida, lo que por miedo se calla.

El Rámper, como El Balsero, habría sido una extraordinaria comparsa. Se ven los mimbres de una presentación impactante, pasodobles certeros a los recuerdos más íntimos de un padre que ya no está, y a una bandera unipátrida que no cumple su función. Hay una sucesión de divertidas cupletinas y potentes estribillos con mofas a Queipo de Llano o el caudillo. Y varias canciones, de enorme belleza, que habrían compuesto un solvente popurrí. Es, por tanto, carnaval de Cádiz, que Bienvenido deconstruye aquí con mayor ambición para construir otra cosa, una obra, que incorpora el teatro de objetos, la lírica del texto y la raíz de un musical resuelto eficazmente por dos artistas excecpcionales como son Andres Hernández Pituquete, a la guitarra, y Raúl Domínguez Botella, a la percusión.

Bienvendo había aprendido la técnica del teatro de objetos de Shaday Larios y Jomi Oligor el año pasado cuando participó en el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) con la experiencia Los mapas vivos. Su inquietud le ha llevado a incorporar lo aprendido a este texto, lo que permite ese juego de puertas y cajones que se abren y se cierran en su alacena, el hermoso momento que representa la oda a la trapecista o el emocionante recuerdo a su progenitor descrito con objetos y cantado con el alma. Es cierto que se alarga innecesariamente el final, pese a tener un claro deselance contundente y rotundo previo, y que hay transiciones susceptibles de ser pulidas. Pero el conjunto evidencia una progresión artística encomiable, un compromiso con su raíz carnavalesca y una calidad vocal incontestable. Pocas voces son capaces de hacer lo que hace este payaso, que, como su amada trapecista, convierte su garganta en escenario de volteretas y acrobacias.

Tras arrasar en sus representaciones en el café teatro Pay Pay, el lugar que lo arropó en El Balsero y que lo ha vuelto a lanzar en El Rámper, Bienvenido ha dado otro paso importante en su carrera al ser programado dentro del FIT donde él era el año pasado solo un aprendiz. Un festival que quiera arraigarse en su territorio debe hacer apuestas como estas, echar el ojo a lo que se mueve en la ciudad, abrir las orejas a quien habla con profundidad y conocimiento, enseñar a quien quiere aprender, abrazar a almas inquietas con ganas de contar cosas interesantes, a arropar a quien con la herramienta que le vio crecer artísticamente, el carnaval, se lanza a nuevos caminos artísticos, a buscar y encontrar talentos locales para mostrarle a toda Iberoamérica las enormes posibilidades de los gaditanos. El talento de Jesús Bienvenido es infinito y, quizá, eso es lo mejor de El Rámper. Que tras dejar atrás algunas de las mejores comparsas de la reciente historia del carnaval gaditano, ahora deje visulmbrar que esto es solo el principio de muchas más cosas buenas que están por llegar.

(El Rámper se representó en el Teatro de la Tía Norica el 29 de octubre de 2022 dentro del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz)

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