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Meritxell Colell: "El cine es el arte de los cuerpos"

La directora catalana presenta en la sección Zonazine del Festival de Málaga 'Dúo', su segundo largometraje. Un viaje por los pensamientos de una mujer en búsqueda de sí misma

Meritxell Colell y Mónica García presentando 'Dúo' en el Festival de Málaga / Koke Perez

Málaga

En 2018 Meritxell Colell Aparicio se alzó con la Biznaga de Plata por su largometraje de ficción Con el viento, un retrato de los vínculos familiares y de las relaciones femeninas alrededor de Mónica, el personaje protagonista que retorna a su pueblo natal tras el fallecimiento de su padre. Ahora Colell regresa a Málaga y lo hace acompañada de esta misma actriz, Mónica García. Junto a Gonzalo Cunill protagonizan Dúo, un viaje inmersivo en la vida de una mujer que ha de enfrentarse, entre otras cosas, al fin del amor.

Colell invita al espectador a pasear por dos recorridos diferentes: uno externo, a través de Los Andes conociendo las comunidades Aymaras, y otro interno guiado por los pensamientos de Mónica. Alternando el sueño con la vigilia, la ficción y el documental, la cineasta nos sumerge en un relato sobre el desamor pero también sobre la necesidad de encontrarse, con uno mismo y con el resto, en un momento donde el individualismo se impone frente a la comunidad: "En tiempos donde nadie escucha a nadie / en tiempos donde todos contra todos / en tiempos egoístas y mezquinos / en tiempos donde siempre estamos solos". Estas líneas del rockero argentino Fito Paez las cantan al unísono la pareja de artistas que nos presenta esta peculiar road movie a la que la pandemia también le afectó: "Tuvimos que parar el rodaje y nos transformamos. Porque creces, porque te replanteas, porque quieres seguir buscando formas de hacer cine, de cómo hacerlo…", explica la directora en un encuentro con la Cadena SER. Con esa idea de "hacer cine" Colell sabe a lo que se refiere. Desde hace quince años forma parte del proyecto "Cinema en curs", una iniciativa nacida en Cataluña que promueve, desde la pedagogía, el cine en escuelas e institutos, una vía de acercamiento a los más pequeños para desarrollar sus habilidades creativas y fomentar el interés por el cine.

Después de haber hecho Con el viento ahora vuelves a acompañar al personaje de Mónica pero de una forma muy distinta y compaginando sus reflexiones con el resto de la trama. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

Empezamos a escribir el guion en 2017. Fue una cosa muy torrencial desde el personaje de Mónica y desde la separación de una pareja. En 2018 empezaron los viajes de documentación que fueron un total de cinco y que cada viaje era una reescritura de guión porque supone trabajar desde la realidad. Además, íbamos filmando en Súper 8, captando instantáneas, impresiones… una especie de diario de viaje. También con el personaje de Gonzalo Cunill y de Mónica García fuimos creando un guión que es con el que fuimos a rodaje, pero al final el cine que me interesa es un cine que está abierto a lo que sucede, entonces el guión se iba reescribiendo cada día. En este sentido el montaje también es una reescritura y en esta película más que nunca porque nos quedamos a mitad de rodaje por la pandemia y ahí con Ana Pfaff [montadora] estuvimos haciendo un trabajo de escritura muy grande, de ver cómo se mantenía esa idea de la dualidad entre interior y exterior, ese viaje compartido y el viaje que hace Mónica, que es un viaje paralelo e interior, y ahí entró el Súper 8.

Con el viento y Dúo dialogan a la perfección aunque sean dos trabajos que funcionan de manera independiente. En la primera abordas unas relaciones femeninas y ahora la relación de una pareja.

Para mí Con el viento tenía más que ver con los vínculos familiares y Dúo con los vínculos de una relación de pareja y sí que está configurada así. No creo que nadie sienta que Dúo es una secuela de Con el viento, porque en sí misma es autónoma pero sí que nos parecía muy bonito pensar que la gente que ha visto Con el viento llega a Dúo de una forma absolutamente distinta porque le pasa como nos pasó a nosotras al crear una película desde un personaje que ya existe y que ha vivido y que tiene como toda una realidad. Nuestra propuesta es que quien pueda vea primero Con el viento porque la disfrutará y ahondará en el personaje, pero nunca las pensamos para que fueran juntas.

Y esas relaciones familiares están presentes de nuevo en los pensamientos de Mónica.

Absolutamente. La película no habla solo sobre la relación de pareja, sino que es una película sobre cómo se relaciona el individuo, un individuo europeo, que viene del individualismo, con culturas comunitarias y cómo buscamos con los otros los vínculos que nos faltan. Cuando te sientes muy extraño y estás de viaje echas mucho de menos a las personas que quieres, es algo que le sucede a Mónica, estando en este viaje y sintiéndose tan sola de repente se da cuenta de lo mucho que extraña a su madre, a su abuela, a ese tiempo en el pueblo cuando vivía ahí. Son las mujeres justamente el espacio que abre la posibilidad de un nuevo camino. Creo que esa comunidad femenina sigue estando en esta película.

La pareja protagonista va visitando diferentes lugares de Los Andes donde representa su actuación de danza. En una de ellas, les advierten que quizá no aplaudan, un gesto que para nosotros tiene mucho significado. Tu estás acostumbrada a trabajar desde la observación y es algo que entronca también con tu proyecto de "Cinema en curs". ¿Cómo has abordado esta forma de comunicación?

Hay algo muy bonito en esa escena de la comunidad y es que, cuando entras en contacto con la realidad, como en "Cinema en curs", donde estás a disposición de una realidad, la realidad es siempre generosa. Cuando tu simplemente estás ahí asistiendo y registrando un momento te encuentras con perlas como las que tuvimos en esa comunidad, que al final es una comunidad de sabios, que hablan de la vida y de la comunicación y tienen como un lugar que trasciende lo honesto, va más allá. Tienen una clarividencia en cómo relacionarse con el mundo. Ellos hablan de esta mimetización con el paisaje y el silencio y ya adelantan esta dificultad por comunicarse desde un lugar que quizá nosotros como europeos esperamos. La película está llena de regalos que nos dio la realidad justamente por eso, por esa idea de atender, de esperar. Ermanno Olmi habla mucho de eso, de un estado de postazione, un estado de contemplación y de observación, de fascinación por un mundo.

¿Dónde está en Dúo la frontera entre el documental y la ficción?

Para nosotras era muy importante que la cámara siempre llegara tarde. Las escenas que son más de ficción, las de pareja, las trabajamos mucho con Gonzalo y con Mónica y había un trabajo de los cuerpos, de cómo se movían, y después llegaba la cámara. En el caso de las escenas donde nosotros estamos para tomar registro y ponemos a dos extranjeros en medio de esa situación partíamos de situaciones que queríamos contar, intentado introducir como esa ficción a través de los personajes. Había una parte de intuición, de improvisación y demás, pero también una parte de entrar en trance, en estas fiestas y en estos lugares… También era muy bonita la coreografía que se generaba, porque de repente ves que la cámara va por ahí y era comunicarnos con los actores para que fuesen para allá. Era como una coreografía fuera de cámara para intentar sincronizarlo, pero siempre la ficción se adaptaba a la realidad.

¿Qué relación tienes con el cuerpo? Con la expresividad a partir del cuerpo.

Para mí el cine es el arte de los cuerpos. El cine ha evolucionado mucho narrativamente y se dice que el cine es el arte de contar historias, que también lo es, pero al final lo que retrata son cuerpos, son personas. Cuando el cine es movimiento, tiempo, duración y ese movimiento, tiempo y duración lo llevan los cuerpos encima, qué mejor que hacerlo a través de un lenguaje cómo es la danza que es la intensificación de esa expresión corporal.

Has mencionado que quieres hacer del cine un lugar político para reconectar con la cotidianidad. ¿Cómo conjuga esto con el retrato de ciertos lugares olvidados como lo rural?

Como cineastas es nuestra responsabilidad pensar qué realidad queremos filmar y qué queremos retratar porque en el momento en el que la retratas permanece. Para mi cada vez más es más importante decidir qué permanece o qué no permanece. Parece algo arrogante pero no es eso sino justamente lo contrario. Es decir, no imponer nuestros deseos como “artistas”, sino al revés: ser un canal para visibilizar esos lugares en las fronteras, en todos los sentidos. No hace falta irse a Los Andes a filmar la frontera entre Chile, Bolivia y Argentina, puedes ir a Alcarràs y filmar los campos de melocotones o puedes ir a un barrio periférico que está infrarrepresentado a nivel cinematográfico y trabajar desde ahí. Me parece muy importante retratar ese presente, además con la pandemia pasó, registramos el carnaval de Jujuy tal y como era antes de la pandemia y ahí te das cuenta de eso. Hay un deseo para ti que es importante que quede, que permanezca y ahí están las realidades que decidimos filmar.

Hacia el final de la película Mónica dice que sí sabe hacia donde ir pero no a donde volver. ¿Y tú?

Estoy con un nuevo proyecto en las Residencias Ikusmira Berriak, Lejos de los árboles, donde retomo los retos de Dúo y todo lo que nos ha quedado pendiente para contar el viaje de una artista sonora que teje un mapa de sonidos por los Andes con relatos, sonidos, cantos y demás. Ella es mexicana, nieta de inmigrantes republicanos españoles y es un viaje de día con dos guías haciendo este recorrido que es un encargo y de noche cómo reconecta ella con su México natal. Es una película que se mueve entre el documento, otra vez esa idea documental, y el cine fantástico de noche.

 
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