La VentanaLa opinión de Carles Francino
Opinión

Sexo, mentiras y príncipes

"El príncipe Andrés no solo paga para eludir un más que posible castigo de la justicia sino también para apropiarse, para presumir de una supuesta verdad. Cuando en todo este proceso además ha mentido, y le han pillado en varias ocasiones. Si las instituciones y quienes las representan están obligadas a un plus de ejemplaridad, ¿qué mensaje nos envía esta historia?", la opinión de Carles Francino

Sexo, mentiras y príncipes

Sexo, mentiras y príncipes

Madrid

Ya sé que vamos todo muy deprisa. Ya sé que todo sucede muy rápido. Y que frente a temas como la amenaza de guerra en Ucrania, la pandemia, la resaca de las elecciones o incluso el gol de Mbappé, pues hay otros asuntos que son muy efímeros, que pasan sin pena ni gloria. Pero también creo que se puede intentar que al menos algunas de esas noticias no desaparezcan tan pronto; sobre todo si son tan escandalosas como el acuerdo extrajudicial entre el príncipe Andrés de Inglaterra y la mujer con la que, supuestamente, mantuvo relaciones sexuales cuando ésta era menor de edad. Con ese acuerdo el príncipe destronado -destronado por su madre, la reina- evitar ir a juicio, a cambio de pagar una millonada a la denunciante. Bueno, el texto del comunicado que ayer nos adelantó nuestra corresponsal en Londres habla de esta compensación a la demandante y también de una “donación sustancial a una organización benéfica en apoyo de los derechos de las víctimas”. A cambio, en el mismo documento, el príncipe andrés niega todos los hechos que hasta ahora se le han imputado; o sea, haberse beneficiado de la red de pederastia del magnate Jefrey Epstein.

Es decir, resumiendo, que el príncipe Andrés no solo paga para eludir un más que posible castigo de la justicia sino también para apropiarse, para presumir de una supuesta verdad. Cuando en todo este proceso además ha mentido, y le han pillado en varias ocasiones. En fin, que yo no creo que se pueda pasar de puntillas sobre este escándalo. Si las instituciones y quienes las representan están obligadas a un plus de ejemplaridad, ¿qué mensaje nos envía esta historia? Pues uno absolutamente contrario, de perversión y corrupción.

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